viernes, 30 de diciembre de 2016

Rogue One

Da igual que el año pasado fuese un poco complicado: Star Wars es visita obligada. Y punto. 
El caso de Rogue One es muy curioso porque, realmente, no podía llegar a sorprender: todos sabíamos de sobra cómo iba a terminar la historia. Encima el final de Rogue One se corresponde casi al milímetro con el inicio de Una nueva esperanza. Creo que nunca había visto una película moverse en un margen tan estrecho y encima salir airosa. 
Pero vayamos por partes. Reconozco que fui al cine con miedo de encontrarme uno de esos ejercicios de autoplagio tan frecuentes cuando se trata de precuelas. Rogue One está muy lejos de eso, por suerte; sus comienzos son complicados en un sentido completamente distinto. Para mí lo más problemático fue la presentación de los primeros personajes. Los vi demasiado encasillados en esquemas ajenos: la heroína difícil pero más noble que todos, el mártir, el rebelde de moral dudosa, el droide cómico... Había algo frío en todo aquello. 
Sin embargo, parece que todo era una cuestión de paciencia: muy pronto esas introducciones dejan paso a pequeñísimos gestos que, casi imperceptiblemente, convierten a esos mismos personajes en personas de carne y hueso. A partir de ese momento fue imposible no involucrarse en la historia. Ahí está, diría yo, el mayor acierto de Rogue One. No sé cuánto dura la batalla final de la película pero sí recuerdo con perfecta claridad lo dolorosísimo que fue ir asumiendo, poco a poco, casi con cada disparo, que ese final era inevitable. 
No tengo claro si esta historia estaba pensada desde el principio o no. La verdad es que me importa poco. De una forma u otra, como precuela Rogue One es impecable: da una explicación coherente a los detalles que siempre fueron raros, y hasta aporta un matiz distinto a Una nueva esperanza. Con todo, lo que más agradezco es que pueda funcionar como historia independiente: nunca se pierde de vista el origen ni el destino de Rogue One pero ello no supone que deje de tener su propia personalidad.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Inferno

Esa máxima mía de "Hay que ver de todo" me pone a veces en situaciones muy extrañas. 
A ver, partamos de la base de que Robert Langdon no es ningún desconocido en mi casa: mi madre leyó en su día El código Da Vinci y Ángeles y demonios, y vimos juntas las películas unas cuantas veces. Si no hay post de ellas, ya que lo estamos comentando, es porque nunca fui capaz de verlas completamente centrada. Creo que lo único que consiguió atraparme de todas estas películas fue la reunión en casa del personaje de Ian McKellen en El código Da Vinci. De hecho, siempre que pillo la película la dejo hasta que pasa esa parte. 
Inferno, me temo, sigue el mismo camino que sus antecesoras. A estas alturas ya soy del todo consciente de que es una mera cuestión de gusto: estas películas de rompecabezas y misterios me parecen muy entretenidas pero, como me ocurrió con El código Da Vinci y Ángeles y demonios, las termino igual que empiezo. 
No dejaré de reconocer que el planteamiento de Inferno es muy interesante, que el ritmo es bueno, que la historia consigue crear una tensión insoportable hasta el último segundo... Técnicamente está todo bien en Inferno. Como os digo, la cuestión es que este tipo de películas no me llenan. Las historias que a mí me gustan son las que se vuelven hacia lo personal, hacia lo diminuto. Que una sola persona tenga tanto poder en sus manos como para cambiar el mundo ya me aburre un poco, si os soy sincera.
¿Que si me gustó Inferno? Bueno, sí. Inferno es todo lo que le pido a una película de este tipo. Nunca diría que las dos horas que dura fueron una pérdida de tiempo; es sólo que para encantarme le faltaba algo que ya sabía de antemano que no iba a encontrar.

Captain Fantastic


Cuando le hablé por primera vez de Captain Fantastic, una amiga mía me contestó, de alguna manera indignada, que eso era un reality que ella misma llevaba tiempo viendo. En ese sentido mi amiga tiene toda la razón del mundo: eso de la familia que vive en plena naturaleza, lejos de la civilización convencional, no es nada nuevo, ni mucho menos. Sin embargo, muy pronto queda claro que ese no es el gancho de Captain Fantastic
El obligado abandono del hogar pone a los protagonistas en contacto con realidades que nunca antes habían conocido y así, ante nuestros ojos, la idea utópica que abre Captain Fantastic empieza a hacer aguas. Pero, ojo, la intención de esta película no es desacreditar a nadie, entre otras cosas porque ninguna doctrina se libra aquí del naufragio. Ni siquiera creo que intente plantear cuál sería el mal menor entre todas las posibilidades. Me parece que el enfoque nunca debería ser ese: en Captain Fantastic prima el retrato más personal, la cara más humana de las intenciones que, de tan buenas. sólo pueden acabar torciéndose. 
Todo esto, que suena tan lejano y tan poco tangible, funciona gracias al genial grupo de personajes de esta película, desde los protagonistas hasta los ausentes. Es imposible no implicarse. Gracias a esto Captain Fantastic puede verse como uno de esos grandes road trips en los que la anécdota pasa a un segundo plano porque, en el fondo, la historia podría ser la de todos. El auténtico viaje no es el paisaje que cambia al otro lado de la ventanilla. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Doctor Strange

Como ya comenté en otras ocasiones, en realidad no sé nada sobre super héroes. Desde que empecé a ver este tipo de películas tuve claro que nunca podría ponerme al día con los cómics (no sabría ni por dónde empezar) así que me conformé felizmente con las adaptaciones. Claro, ahora me sacas de los Vengadores y un poco de X-Men y ya no sé qué hacer. 
Ahora bien, el tramo resbaladizo de la cuestión empieza en el momento en que, independientemente de mis lagunas, Doctor Strange es igual que cualquier película sobre el nacimiento del héroe, punto por punto: es un profesional de éxito de moral ambigua y gesto carismático que pasa por una experiencia traumática y, en el fondo de la desesperación, topa con una solución que hasta entonces había despreciado. Dominar sus nuevas habilidades no le lleva más que un par de meses, por supuesto, porque su talento natural no conoce límites. Al final hace cosas de "elegido-portento-heroico" y todos contentos. Y ya.
La base de Doctor Strange me resulta un poco cargante porque, a juzgar por sus personajes, podría haber hecho algo distinto y propio. Después de desarrollar una personalidad tan característica, incluso en un protagonista de rasgos tan sobrexplotados, es una pena que el mayor reclamo de la película sea su estética. 
Esa es otra. Desde un punto de vista estrictamente técnico, Doctor Strange es un ejercicio incuestionable. Lo que no me convence es ese empeño por plantearlo todo como algo extraordinario y ajeno. Se introducen tantas explicaciones que la acción sólo avanza a trompicones, y encima al terminar la película aún quedan preguntas sin respuesta e incluso algunos detalles que parecen contradecirse.
El desenlace de la película me pareció más interesante. A nadie le podría haber sorprendido que el héroe saliese victorioso; lo que me gustó fue ver en su hazaña una manera muy propia de actuar. Ahí sí da la sensación de ser un retrato acabado. 
Por todo esto, me temo que para mí Doctor Strange funciona como mera presentación, apenas una precuela. Tengo ganas de ver cómo evoluciona pero, hoy por hoy, las novedades que ofrece me parecen escasas: he vista tantas veces esta historia que una cara nueva ya no me basta.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Amar algo a veces es odiarlo también.
Mi "relación" con Animales fantásticos y dónde encontrarlos fue complicada desde el principio. Como cualquier potterhead, había leído este libro en aquellos tiempos en que ni siquiera había terminado de publicarse la saga. Entre libro y libro, teníamos que ir abriendo boca con estas obritas. A Animales fantásticos y dónde encontrarlos no le falta encanto, sobre todo gracias a las notas "manuscritas" de los personajes de siempre, pero no dejemos de tener en cuenta que no es una novela: es un manual escolar, y su naturaleza estuvo clara desde el principio. 
Imaginad oír de pronto que de ahí van a salir, no una, sino cinco películas. Recuerdo la indignación primera, cuando sólo podía pensar en Newt Scamander recorriendo el mundo en busca de criaturas fantásticas, como una suerte de entrenador pokemon. Estoy mayor para estos sustos. 
Por suerte, hasta las franquicias más rentables dan de vez en cuando algunas sorpresas más que agradables. Los últimos tráilers de Animales fantásticos y dónde encontrarlos hablaban por fin de una auténtica trama más allá del manual que ya conocíamos. Ahí me empecé a relajar. Entonces oí la que para mí sigue siendo palabra clave de esta nueva saga: "Grindelwald". Este personaje quedó reducido a cameo en las películas de Harry Potter y, si bien en los libros está bastante claro quién es este mago, ni siquiera ahí terminaba de contarse su historia más allá de algunas referencias, unas más elaboradas que otras. No sabéis las ganas que tenía de ver por fin algo así. Ahí me uní a la euforia generalizada.
Animales fantásticos y dónde encontrarlos aún no profundiza en la historia de Grindelwald pero, de momento, la promesa basta y sobra. Me quedo con que esta nueva entrega cae muy lejos del autoplagio: sin prescindir de las familiares reminiscencias a la saga original, esta película es capaz de aportar una personalidad propia. 
Aunque la persecución de criaturas que me temía sí aparece en esta película, es más que capaz de conducir al meollo de la cuestión: se convierte en la excusa perfecta para introducir ambientes diferentes y nuevos personajes. La variedad asegura el dinamismo que una historia así, tan peligrosamente cerca de lo lineal, podría necesitar. Sin quitarle mérito al encanto personal de este Newt Scamander, creo que esta frescura la logra, en buena medida, el personaje de Jacob Kowalski. Es él, como outsider necesario en estos casos, quien siente todo nuestro asombro. 
Ahora bien, tengo que reconocer que el desenlace de Animales fantásticos es algo escaso. Si a lo largo de toda la película se había hecho un gran hincapié en lo estrictamente personal, en la resolución del conflicto parece imponerse el sentimiento de espectáculo. Me faltó que los personajes experimentasen el mismo choque emocional que nosotros como espectadores. A mí aún me puede la pena pero en pantalla apenas vi reacción.
Con todo, en general estoy muy satisfecha con Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Estoy dispuesta a creer que de aquí pueden salir otras cuatro películas estupendas. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

La llegada

He tenido que reescribir este post las veces suficientes como para darme cuenta, por fin, de que cualquier gesto mudo sería más elocuente así que, a modo de resumen: La llegada se ha convertido en una de mis películas favoritas, no del año, sino en general. No exagero si os digo que sigo tan en shock como cuando salía del cine. Desde luego, esta no es una película que se acabe en los créditos.
Estuve mucho tiempo esperando La llegada; desde su primer tráiler, creo. Me bastó la combinación "alienígenas" y "lingüística" para marcar el estreno en el calendario. Sin embargo, siempre pensé que se iba a mover en torno a los enfoques clásicos del género. Quizá fue una suerte caer en la tentación de ver algunas reseñas antes de ir al cine porque así, al menos, sabía de antemano que iba a encontrar algo completamente distinto. 
Aquí es donde me quedo sin palabras. Sólo puedo animaros a que vayáis al cine ahora que sigue en cartelera porque no os podéis perder La llegada. Algunas películas hay que experimentarlas así, en completa inmersión. 
Esta historia es mucho más personal de lo que creo que estoy dando a entender. Cuando hablo de "inmersión" no pretendo que os imaginéis explosiones y trepidantes secuencias de acción. Alguna hay, claro, pero ocupan un segundo plano: lo importante en La llegada es el desarrollo del lenguaje como idea, como frontera que se borra con la mano. 
Me estoy mordiendo mucho la lengua porque no querría, bajo ningún concepto, estropearos el gusto del descubrimiento. Sólo me atrevo a decir que aún siento mariposas en el estómago cuando recuerdo de qué forma tan vertiginosa se solapan realidad y lenguaje en La llegada. Ni siquiera el tiempo sobrevive al impacto.
Escribo esto con el mismo temblor que sentí cuando se encendieron las luces en la sala y con los ojos tan abiertos como todas las veces que hablé de La llegada. De un momento a otro se me podría salir el corazón del pecho. Para que os hagáis una idea.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Touch, de Claire North

Después de The First Fifteen Lives of Harry August, ¿cómo no iba a seguir leyendo a Claire North? Imaginadme suspirando amorosamente. 
Ahora bien, tengo que reconocer desde un principio que Touch no me gustó tanto como The First Fifteen Lives of Harry August. No por nada, como suele decirse, sino porque sigue la misma pauta que aquella primera novela: la voz de Touch es tan parecida que la frescura del primer contacto se pierde. Eso no significa, sin embargo, que Touch deje de tener su propio interés. 
Claire North vuelve a sustentar la novela sobre el rasgo más peculiar de su protagonista, en este caso, que se trata de una entidad sin cuerpo. Igual que en The First Fifteen Lives of Harry August, la idea no es exactamente nueva pero Claire North la lleva hasta el último extremo, con el riguroso método que la caracteriza. Aunque es la segunda vez que veo cómo lo hace, sigue sorprendiéndome lo bien pensado que está todo, lo lógico que puede resultar sin dejar de ser "ciencia ficción". Sólo un detalle para intentar explicarlo: el protagonista de la historia no es el único de su especie, ni mucho menos, así que hay ocasión de ver relaciones entre este tipo de criaturas, así como el delicado sistema inmobiliario que acaban creando. No voy a negar que es escalofriante a ratos pero está tan bien diseñado...
Lo único que no me terminó de convencer de Touch fue su villano, precisamente porque es sólo eso: un villano. Aunque las comparaciones son odiosas, tengo que remitirme una vez más a The First Fifteen Lives of Harry August: el antagonista de entonces tenía unos motivos claros y firmes para hacer lo que hacía así que se podía llegar a empatizar con él. Ese sí es un conflicto jugoso. En Touch, sin embargo, se intuye algún tipo de trastorno mental y ya: como el foco de atención nunca se acerca a la psicología de este personaje, sus acciones parecen gratuitas. En algún punto sus impulsos más primarios tocan con los del protagonista y se forma una especie de espejo entre ambos pero, con todo, creo que habría sido necesaria una vueltina más.

Parece que Touch aún no se ha traducido al castellano. Supongo que Las primeras quince vidas de Harry August estará teniendo una acogida lo bastante interesante como para que sigan traduciendo a Claire North pero esto no son más que especulaciones, no me hagáis ningún caso. Si me entero de algo os aviso.

Kokoro, de Natsume Sōseki

Me encanta decir que "procuro leer de todo", pero la verdad es que tengo abandonadísimos los clásicos; por mucho que me apasione la contemporánea, no debería marcarme unos límites tan estrechos. Para ir poniéndole remedio, por fin me uní al Club Pickwick. Fijaos si llevo retraso con el blog que Kokoro fue la lectura de septiembre. Pero eso mejor lo dejamos a un lado. 
Os pongo en situación: no conozco especialmente la literatura de principios de siglo, menos aún la literatura japonesa de esa época. En cierto modo sentí Kokoro como una caída libre. Sin paracaídas. 
El caso es que Kokoro empieza muy suave. Es el protagonista, un joven estudiante, quien narra la historia así que el libro se desarrolla de una manera muy natural, bastante espontánea; tiene la familiaridad de las anécdotas propias. Recuerdo que hablaba con una amiga que también lo estaba leyendo y las dos nos sorprendíamos de lo fluida que resultaba la lectura. Hasta ahí todo muy bien.
Sin embargo, algo me resquemó durante toda la novela, incluso entonces. Kokoro es una obra muy introspectiva así que la vida interior de los personajes y sus reflexiones tienen mucho más peso que sus acciones. Disfruto mucho ese tipo de lecturas pero, cuando una novela se sustenta sobre el sentimiento, la escritura debe hacerte sentir algo. ¿De qué sirve que el personaje te cuente todos sus dilemas? ¿Dónde está la duda, dónde está el caos? Es un desarrollo que a mí se me hace frío y desapasionado.
Cuando terminé Kokoro tenía una visión bastante clara de los protagonistas y sus circunstancias porque había leído unas 300 páginas de explicaciones, y ese es el punto que me incomoda: la duda racionalizada da una visión privilegiada de la psicología de un personaje, pero mantiene al lector siempre lejos de la obra. Yo quiero viajar también, no ver el foto-reportaje después. 

viernes, 18 de noviembre de 2016

El origen de los guardianes

Hay que ver lo que da de sí un viaje en autobús. 
Veo que suena como a justificación, aunque nunca tuve ningún problema en reconocer que sigo disfrutando del cine de animación. 
"Sigo", como si fuese una fase. La verdad es que cuanto más lo pienso menos claro lo tengo (como todo, en realidad). 
Es evidente que algunas películas "resisten mejor el paso del tiempo" que otras. El origen de los guardianes parte con una ligera desventaja en ese sentido porque se sustenta sobre una fe que sí desaparece con la edad. Me puede parecer interesantísima la adaptación del mito que aparece en El origen de los guardianes pero ya no le puedo dar a la idea el mismo alcance que cuando era pequeña. Aunque me guste poco, voy a tener que ir tragando eso de que hay un momento para cada cosa...
Con todo, creo que es de valorar el esfuerzo que hace esta película por darle dimensión a las clásicas historias de siempre. Los grandes enfrentamientos de El origen de los guardianes pueden ser interpretados en una clave poderosamente actual porque tratan, a fin de cuentas, conflictos muy cercanos a la esencia del ser humano: la identidad, el miedo, la esperanza... Para eso no hay fases. 
Es una pena que el desenlace de la película no acabe de aprovechar este particular giro; al final cae en un heroísmo más simplón. Me resisto a decir "infantil" porque no creo que los niños sean incapaces de entender ideas más profundas. Creo que fue Roald Dahl quien dijo que a los niños había que tratarlos con respeto, no como un público menos desarrollado. Por eso sus historias aún pueden removernos de adultos, porque siempre tuvieron hondura suficiente para trascender el momento. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Stranger Things (T1)

A partir de un determinado momento, ver Stranger Things casi parecía una obligación. Y yo encantada porque siempre me recordó un montón a Super 8. Aprovecho para advertir que quizá ese no es el mejor camino para adentrarse en esta serie: aunque sus protagonistas son sobre todo niños y adolescentes, el tono es muchísimo más oscuro. 
Está claro que Stranger Things aprovecha aquella oleada de nostalgia de Super 8 y el eterno encanto del cine de los ochenta pero no está aquí para ser una más: Stranger Things desarrolla ya en esta primera temporada una personalidad única que la diferencia de cualquier historia similar. 
No deja de ser curioso, porque en el fondo Stranger Things es la suma de una serie de historias de sobra conocidas: la desaparición de un niño, los experimentos secretos de un laboratorio, un primer amor... Precisamente la confluencia de tópicos provoca el giro distintivo y sorprendente de Stranger Things
Digo "sorprendente" y a lo mejor es sólo que yo vivo en la inopia. Bueno, quizá es más adecuado decir que me quedo tan atrapada en el momento que sólo puedo negar que eso tan terrible que parece que va a ocurrir acabará pasando. Por supuesto, esto es gracias a un cuidado desarrollo de personajes. Si Stranger Things no tuviese unos protagonistas tan humanos e interesantes, uno no podría implicarse de esa forma en la trama: la historia no puede ser la de siempre porque ellos no lo son.
Me quedé muy a gusto con el final de la temporada, aunque agradezco infinitamente que ahora mismo se esté rodando la segunda. Que la historia tenga ahora mismo su propia conclusión no significa que no esté desesperada por saber algo más. Yo también soy humana, oye.

The Imitation Game

Oye, en serio, ¿veo muchos biopics o es cosa mía? Es que parece que no veo otra cosa desde que confesé que les tengo manía. 
No sé si lo dije en su momento, pero de este tipo de películas me revienta que, cuando realmente tocan la verdad en que se basan, dan muchas cosas por sentadas o bien obvian ciertos detalles incómodos (muchas veces de sobra conocidos). El resultado final es una verdad a medias y, sobre todo, una historia con lagunas. The Imitation Game, sin embargo, consigue bastante autonomía. 
No se trata de que lo histórico pase a un segundo plano, sino de que la realidad no interfiera con la ficción, y viceversa. Aquí habla el desencanto, claro; hace mucho que renuncié a que un biopic fuese completamente sincero así que sólo pido que, al menos, la historia esté bien contada. 
En ese sentido, me pareció muy interesante que The Imitation Game empezase con un flashback. Sé que ese no es un recurso novedoso, menos aún en una historia como esta, pero se introduce de una manera tan descaradamente peliculera que sólo me queda adorarlo. Creo que merece la pena contarlo porque enlaza dos momentos muy importantes en la vida de Alan Turing: la gran proeza por la que hoy lo conocemos y las acusaciones de homosexualidad que aceleraron su muerte. Recordemos que por aquel entonces la homosexualidad se consideraba una enfermedad, casi un delito, y por ello muchos como Turing se vieron sometidos a despiadados tratamientos "para suprimir sus deseos antinaturales".
Estos dos acontecimientos funcionan como los grandes pilares del Alan Turing que aparece en The Imitation Game; de esta forma se concilia el relato de su trabajo con el de su vida personal. La agilidad de la película se debe, precisamente, a que intercala fragmentos de tres épocas diferentes: el presente del que se parte al comienzo, el trabajo de Turing durante la Segunda Guerra Mundial, y la infancia del propio Turing. 
Esto es lo que más aprecio de The Imitation Game: no llega a ser invasiva ni morbosa, pero tampoco deja de contar lo que merece ser contado, y además sabe muy bien cómo hacerlo.

sábado, 12 de noviembre de 2016

12 años de esclavitud

No conozco la historia de Solomon Northup así que no me es posible saber hasta qué punto 12 años de esclavitud es fiel a la realidad. Parto de la base de que, en tanto que biopic, esta película se toma algunas "licencias" pero, manías aparte, se impone el hecho de que este tipo de cosas pasaron de verdad. Puede que cambien los detalles pero eso, si queréis, es lo de menos. Me quedo con el que seguramente es uno de los mayores logros de 12 años de esclavitud: no deja espacio para disquisiciones sobre lo que será ficción y lo que no porque pesa una verdad más profunda que los detalles. 
Esta película es un trabajo absolutamente impecable en todos los sentidos y, sin embargo, tengo que reconocer que no me causó el hondo impacto que esperaba. No creo que sea una cuestión de expectativas porque esta película es tan buena como me habían dicho que era, si no mejor. 
Creo que el "problema" es que tengo en mente el eco de El color púrpura, aunque han pasado muchos años desde que la vi. Guardo de ella una profunda impresión pero, a la vista está, no un recuerdo demasiado nítido; no creo que la temática tenga tanto que ver con 12 años de esclavitud. Y aun así no soy capaz de verme igual de implicada ahora que entonces, no sé por qué. 
Me preocupa un poco que la concienciación se haya convertido en espectáculo, como si para entender que el racismo es malo y que por él se han cometido auténticas atrocidades necesitásemos que nos contasen una historia nueva, original, llamativa. Dice mucho (nada bueno) de nosotros. 

Morgan

Yo no suelo ver este tipo de películas porque soy una cagada, no por otra cosa. El tráiler de Morgan me dio miedo pero, al mismo tiempo, tenía la sensación de que en esta película podía encontrar algo interesante.
Para empezar, con Morgan descubrí que confundo el género de "terror" con el de "suspense". Aviso para que no os fiéis nunca de mis suposiciones en estos asuntos, ni en el caso de Morgan ni en ningún otro.
Lo que me preocupa ahora es que, como nunca vi películas de este estilo, no sé hasta qué punto Morgan es típica y dónde empieza a aportar algo propio, si en verdad lo hace. Mi única guía es la cultura popular, y eso funciona hasta donde funciona. Sé que la premisa de Morgan no es nada especialmente nuevo porque ya en el tráiler me sonaba aquello de "criatura se vuelve demasiado poderosa y sus creadores no pueden controlarla" pero, ya en la película, me pilló totalmente desprevenida poder empatizar con la criatura en cuestión, una niña llamada Morgan. Justo ahí debe de estar la clave: Morgan es retratada como una niña que ha cometido un error, como todos, como cualquier niño. Ella, que empieza siendo el problema, se acaba convirtiendo en lo único defendible de la historia. 
El recorrido de su antagonista, por otra parte, no tiene menos interés. Aquí debo andar con pies de plomo porque un paso en falso me lanzaría de cabeza a un spoiler hasta cruel. Sólo diré que Morgan va dejando pistas hacia el descubrimiento desde el mismo principio de la película, al estilo de un juego de detectives. Se podía adivinar pero tengo la sensación de que todo estaba preparado con ese propósito; Morgan está hecha con el suficiente mimo como para creerlo.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El diario de Bridget Jones

Soy consciente de que llego tardísimo al fenómeno Bridget Jones. Y mira que hace años que me recomiendan esta película. Reconozco que, aparte del hecho de que soy un desastre para todo, me dejé llevar por los prejuicios y repetí una y mil veces que este tipo de comedia romántica no es para mí.  "Este tipo", como si Tienes un e-mail y Cuando Harry encontró a Sally, por decir sólo dos, no fuesen comedias románticas de manual y no las hubiese disfrutado. 
En mi defensa sólo puedo decir que creía que El diario de Bridget Jones era una larga lamentación sobre la soltería. Es verdad que parte de ahí pero, más pronto de lo que esperaba, la protagonista da un giro hacia sí misma y antepone el crecimiento personal a la supuesta necesidad de tener pareja. Ahí es, para mí, donde la cosa se empieza a poner interesante. Vamos, que las comedias románticas me llaman la atención precisamente cuando el romance pasa a un segundo plano. Qué le vamos a hacer. 
A estas alturas no creo que sea un spoiler para nadie decir que Bridget consigue el final de cuento que anhelaba al principio de la película. Sin embargo, lo más valioso es que llega a él en unas circunstancias completamente diferentes sin dejar de ser ella misma. Pocas veces aparecen en el cine personajes tan coherentes y tan redondos como Bridget Jones. Lo que pasa a un segundo plano en El diario de Bridget Jones no es el romance, sino la anécdota en general: Bridget podría protagonizar cualquier tipo de historia y siempre lograría hacerla suya. Su voz, su personalidad, su irreverencia es su auténtica marca. 

Maldita tesis, de Tiphaine Rivière

Casi me parecía demasiado masoquista echarle el ojo a Maldita tesis nada más entregar el tfm pero parece que la salida del mundo académico me sentó mucho peor de lo que jamás habría imaginado. 
Este es tiempo de incertidumbre, no puedo decirlo de otra manera. Como no tengo ni idea de cuánto me va a durar (bastante optimista me parece suponer que se acabará algún día) y tampoco es realmente importante para el post, mejor nos centramos en Maldita tesis.
Es verdad que empecé este cómic arrastrando el miedo del que os estoy hablando pero enseguida la protagonista, Jeanne, lo eclipsó. Será porque Rivière vivió una experiencia parecida y, de hecho, hay bastante de autobiográfico en esta historia. Lo que me encantó es que fuese capaz de transmitirlo de una manera tan limpia, divertida, honesta y realista. Como dato curioso, es la primera vez que un personaje de ficción plantea un trabajo de investigación como yo misma los imagino cuando los hago. En realidad no es un dato importante; lo comparto porque me encantó verlo.
Hay muchos detalles en Maldita tesis que entroncan con la experiencia de cualquier estudiante pero, si tengo que señalar algo como su punto fuerte, me decanto por la visión menos romántica de lo que debe de ser (imagino) una tesis doctoral. Aunque nunca hay duda de que Jeanne disfruta con su trabajo, Maldita tesis no omite lo amargo de la investigación. Esta historia dice adiós a las falsas promesas y, en su lugar, acoge la realidad más cruda, con todos sus sinsabores. No sé si es irónico o no, pero eso es lo que más me tranquilizó.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

Recomendé este libro nada más terminarlo. No me preocupé por la hora ni por si mi pobre víctima tenía el móvil encendido y a todo volumen. La parte de mí que se lanzó a recomendar debió considerar que cualquier momento es bueno si el libro merece la pena. 
84, Charing Cross Road es una recopilación de cartas entre la escritora americana Helene Hanff y Frank Doel, de la librería londinense Marks & Co. Su correspondencia, que empezó con una mera compra casi a la desesperada, fue evolucionando hacia una sincera amistad a lo largo de las siguientes décadas. Fue una maravilla leer algo así. 
Tengo claro que me encantó 84, Charing Cross Road pero estoy teniendo auténticos problemas para explicar por qué en este post. Me dije a mí misma en su momento que me había fascinado lo genuino de Helene y Frank, como si alguien los hubiese construido y su voz fuese prestada. Quizá estoy demasiado acostumbrada a leer novela y esta es una señal de que debería ampliar mis horizontes. 
Sin embargo, no creo que sea la novedad lo que hace de 84, Charing Cross Road una lectura tan especial. Independientemente de mi experiencia limitada, Helene Hanff tenía una voz personalísima y de vibrante expresividad, y nadie en esta colección se le queda atrás. Parece que leer demasiada ficción me llevó a pensar que en la realidad no había textos así ni personas como estas. No es la primera vez que un libro me hace sentir tan acompañada pero entonces tenía la certeza de que todo era, básicamente, una mentira. A lo mejor era cierto aquello de que la realidad supera a la ficción.

domingo, 30 de octubre de 2016

Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro

Olvidaos de la contraportada del libro y cargad con todas vuestras suposiciones cuando entréis en Nunca me abandones. Disfrutad del choque entre este universo y el nuestro.
No sé si algún día llegaré a asimilar que Nunca me abandones es una novela de ciencia ficción. Supongo que lo que me pasa es, para empezar, que siempre tuve una idea muy limitada del concepto de "ciencia ficción". Mi imagen mental del género necesitaba naves espaciales, un fondo metálico... Ese tipo de parafernalia. Ahora llega Nunca me abandones y se planta en unos años noventa que no resultan nada ajenos a nuestra propia memoria.
Esta novela no se disfraza de lo extraordinario para impactar. Se nutre del pulso entre los supuestos de nuestra lógica y los de la suya. Sin desgarramientos, sin excesos. Su objetivo no es regodearse en lo fantástico, sino construir una historia perfectamente "normal". Uno lee Nunca me abandones y no puede creer lo que está leyendo, aunque al mismo tiempo asume que las cosas no podrían haber sido de otro modo, sencillamente porque son lo que son y lo que han sido siempre. Obvio. Cualquier discusión desaparece, y con ello cualquier lucha. El descubrimiento de Nunca me abandones es al final el eco de un secreto a voces: el viaje termina cuando se asume que siempre hubo una opción única. 
Da un poco de miedo pensar que, aunque su rumbo es alternativo, nuestro destino podría ser, en esencia, el mismo. 

sábado, 29 de octubre de 2016

El silencio de las sirenas, de Beatriz García Guirado

Sé que parece que arrimo el ascua a mi sardina, pero de verdad creo que a veces conocer una sinopsis perjudica más que ayuda. En obras tan particulares como El silencio de las sirenas o, recordemos, La ciudad ausente de Ricardo Piglia, los prejuicios y convenciones son los mayores obstáculos. Uno debe entrar en estas lecturas completamente en blanco. 
Ahora bien, tengo que reconocer que yo misma me dejé llevar por el texto de la contraportada. Aunque ya entonces se intuía que El silencio de las sirenas iba a ser una lectura muy suya, al menos tenía la sensación de saber qué podía esperar. Me equivocaba, claro, pero por fin estoy madurando y soy capaz de aprender de experiencias pasadas. 
Mientras leía El silencio de las sirenas algunos amigos me preguntaban qué tal estaba. Acabaron dándome por perdida porque tardé bastante en hacerme a la lógica interna del texto. Supongo que debía de resultar un poco extraño verme disfrutar tanto una novela que, lo reconozco, aún no entendía. Por suerte para mí, tenía aún fresca la experiencia de La ciudad ausente y ya conocía esa especie de metamorfosis continua lo suficiente como para disfrutarla por lo que es. Ahí encontré el gran carisma de El silencio de las sirenas.
Pero, cuando por fin tenía mi hueco en esta novela, va el último capítulo y me expulsa. Aquí sigo, boqueando inútilmente como un pez fuera del agua. Creo que releería El silencio de las sirenas y me pararía ahí. Por esas pocas páginas El silencio de las sirenas se convierte en dos libros distintos: uno me cautivó con su encanto personal; el otro lo he leído ya mil veces. 

jueves, 27 de octubre de 2016

The Last Airbender

Hace algo más de dos años os hablaba de Avatar. La leyenda de Aang, la serie en la que se basa esta película. Aquel post lo escribí a partir de un "revival" pero bien me sirve para recordar que siempre tuve mucho cariño a esa serie. Entenderéis que desde el principio me dio bastante miedo la idea de que fuese adaptada al cine.
Un día por fin me decidí a tener miedo con un poco de criterio y vi The Last Airbender. Estoy bastante segura de que esta película parte del mismo aprecio que sentimos todos los que veíamos Avatar pero, como dicen, "de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno". Hay tanto respeto por el producto original que apenas existen diferencias entre película y serie. Y esto, que parece el sueño de todo fan, se convierte en el mayor error de toda la película. 
The Last Airbender equivale a la primera temporada de Avatar. Completa. En el fondo era inevitable que la película se acabase convirtiendo en un resumen concentrado de la serie. Los personajes son los principales perjudicados: si en Avatar se iban descubriendo sus sucesivas capas, en The Last Airbender apenas hay tiempo para una presentación completa, menos aún para un desarrollo en profundidad. Los gestos tan sentidos de los protagonistas de la serie se convierten en giros gratuitos en la película porque esos personajes son unos completos desconocidos para el espectador. ¿Cómo no iban a serlo, si casi no hay tiempo para resolver la historia?
Siempre me consideré muy purista en todo este asunto de las adaptaciones pero después de ver The Last Airbender me pregunto hasta qué punto merece la pena intentar hacer una traducción casi literal de algo que, en origen, ya tenía un interés propio. ¿Qué aporta esta película realmente? No creo que añadiese ningún valor ni descubriese lecturas alternativas al margen de la serie. Incluso diría que, demasiado a menudo, Avatar es imprescindible para comprender The Last Airbender. Si no vale ni como resumen, ¿era necesario hacer esta película?

lunes, 24 de octubre de 2016

Saga I, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Saga es otra de esas lecturas que hice casi por necesidad mientras acababa el tfm. Un cómic, me dije, será el descanso perfecto: no tiene nada que ver con lo que tengo ahora entre manos; ni siquiera el formato es el mismo. Aún no sé si Saga debe llamarse "cómic" o "novela gráfica" pero tampoco tengo claro si "tfm" equivale a "tesis" o "tesina" así que, en el fondo, esta lectura parecía una consecuencia lógica. 
Había leído que Saga era un cruce entre Juego de tronos y Star Wars, y con eso me lancé de lleno a la historia. Terminado este primer capítulo no puedo decir que aquello no fuese verdad... pero tampoco es cierto del todo. Parece una etiqueta quizá excesivamente simplista, más centrada en el marketing del producto que en la realidad del texto. En fin, esas cosas pasan. 
Es que Saga no es una historia tan grandilocuente. No hay elegidos ni grandes líderes, y nadie se juega el destino de la galaxia: Saga es más personal que todo eso. Es la historia de una familia. Lo demás, es sobre todo un fondo. Esta entrega aún no ahonda en ello pero deja suficientes indicios del complejo universo en el que se desarrolla la historia. Para mí este es un punto positivo porque, de este modo, no se resiente el dinamismo de la narración. Ahora bien, soy consciente de que lo que para mí funciona tan bien a algunos les podrá saber a poco. Es cuestión de gustos, lo reconozco. A mí no me importa esperar para saber más. Tengo paciencia y, sobre todo, muchas ganas de continuar Saga.

domingo, 2 de octubre de 2016

Cooltureta, de Moderna de Pueblo

Hace años que tengo este libro en la estantería. Juraría que en su momento lo compré poco después de que se publicase, emocionada porque me había gustado Soy de pueblo y aterrorizada por verme demasiado reflejada. Parece que en un tiempo en que se le puede poner un filtro bonito a todo es un poco complicado distinguir el "postureo" más básico de lo verdaderamente auténtico, incluso cuando se trata de uno mismo. Supongo que me daba miedo encontrarme en Cooltureta un reflejo que no me gustase. 
No sé si se puede decir que superé mis miedos, porque en realidad acabé leyendo Cooltureta en un momento en que estaba demasiado sobrepasada por cosas de clase y necesitaba una distracción: una lectura entretenida, poco exigente, y que no tuviese nada que ver con mi trabajo de fin de máster. Recordaba que siempre me río con las viñetas de Moderna de Pueblo así que Cooltureta parecía la opción más obvia.
Lo más curioso es que en realidad apenas recordaba Soy de pueblo. Volví a echarle un ojo hace bien poco, para preparar este post con un poco de sentido, y me pareció un trabajo mucho más "estático", por así decir: no deja de ser un conjunto de instantáneas, sin trama, sin progresión, sin dirección. No lo digo como algo malo: no creo que Soy de pueblo tuviese otro objetivo. Cooltureta, sin embargo, sí intenta contar una historia, y eso me lleva a aquel miedo que os comentaba al comienzo del post: el protagonista de Cooltureta suda el mismo viaje. Perdonadme, porque con esto ya os estropeo el descubrimiento, pero no soy capaz de esquivar el asunto: me encantó ver un relato en Cooltureta y, sobre todo, me gustó verlo manejado con tanta sinceridad. 
Si vuelvo tanto sobre Soy de pueblo, aunque las comparaciones siempre son odiosas, es porque creo que es de valorar que una autora se atreva a ampliar sus horizontes y probar cosas distintas porque eso significa que siempre podrá ofrecer algo sorprendente. Hoy por hoy, quedan algunos puntos por rematar pero la progresión está ahí, y eso me encanta.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Big Eyes

Cuanto más digo que no me gustan los biopics, más biopics veo. De verdad que no lo hago aposta. Quiero creer que estoy aprendiendo a no dejarme llevar por mis prejuicios, aunque eso me ponga luego más difícil escribir estas valoraciones o críticas o lo que sea. 
Supongo que en el caso de Big Eyes influye, sobre todo, que no tuve claro desde el principio que era un biopic. No recuerdo qué vino antes: el aviso de realidad o la voz en off. Sé que algo en esta película me atrapó antes de saber dónde me metía. 
Siempre he dicho que me encanta que me cuenten historias. Las que sean. Big Eyes arranca de esa manera, con una voz profunda y magnética que guía al espectador confiado a través de lo que, en el fondo, es un cuento. Para alguien como yo este es un prólogo estupendo. 
Claro que, si bien lo miras, no parece que Tim Burton pueda desprenderse de ese aire de irrealidad, ni siquiera cuando la historia que cuenta es totalmente auténtica. Se impone su estilo particular hasta que, de pronto, cuando ya estamos todos perdidos en el relato, algo tira de él hacia el mundo exterior y le recuerda que Big Eyes debía ser un biopic. Creo que es ahí donde empiezan los problemas de este tipo de películas: en el momento en que hay verdad y personas reales de por medio, la historia sólo puede contarse a medias. Big Eyes, por ejemplo, cae en un precipitadísimo resumen y en una serie de convenientes lagunas: alguien no quiso contarlo todo. Y estaba en su derecho, por supuesto; yo sólo digo que en una película eso se acaba notando, y por eso nunca me convencen los biopics
Pero, como siempre digo, esto no deja de ser una manía como otra cualquiera. Si de verdad estoy madurando, tengo que quedarme con todo lo bueno que ofrece Big Eyes, que es bastante: una película de muy buen ritmo, sólo titubeante al final; un tratamiento de personajes magistral, en buena medida gracias al brillante reparto; y, ante todo, una firma reconocible pero nunca ostentosa. 
Me guste más o me guste menos, Big Eyes no ha sido, ni mucho menos, una pérdida de tiempo.

lunes, 11 de julio de 2016

The Enchanted, de Rene Denfeld

No sé si es algo nuevo o rompedor de por sí, pero yo me decidí a leer The Enchanted cuando oí que uno de los personajes actuaba como narrador omnisciente. Mejor dejamos la supuesta novedad a un lado y pasamos a lo importante de verdad. 
Sin entrar en muchos detalles, sí os puedo contar que la novela se desarrolla, básicamente, en el corredor de la muerte de una prisión indeterminada. El personaje que os comentaba antes es uno de los presos allí encerrados así que os podéis imaginar que es del todo imposible que sepa realmente qué ocurre fuera de su celda. Se lo inventa todo, me diréis. Ya, bueno, es una manera de leerlo, supongo. Pero tan sosa... Estuve demasiado tiempo buscando una salida a esa lectura como para dejar el asunto así. 
Es que son demasiadas convenciones las que se invierten en The Enchanted. Para empezar, los únicos que no tienen nombre propio son los protagonistas: el tío sin dientes del comedor que no sale más que diez líneas está perfectamente identificado, pero el personaje de la investigadora, por ejemplo, nunca es más que "the lady". Que los tiros vayan por ahí o no es otra historia. Lo que está claro es que The Enchanted necesita discusión. No sé si captáis la indirecta.
Sin embargo, a pesar de lo entusiasmada que he escrito todo esto, tengo que reconocer que The Enchanted no me impactó tanto como las lecturas que vinieron justo antes: Station Eleven, The First Fifteen Lives of Harry August y Ritos funerarios me parecieron novelas maravillosas, perfectas, encantadoras... The Enchanted se quedó muy cerca, sobre todo por lo mucho que me gustaría poder comentarla con alguien, pero no las igualó. Hay algunos detalles, matices, que pretendían ser suspense y, por obvios, se acabaron cayendo. Tengo la sensación de que Rene Denfeld intentaba dar pistas sobre el sentido último de su obra y se pasó. Por un poco eh, por un poquitín de nada. The Enchanted es su primera novela, y eso se puede notar en estos mínimos detalles. Estoy segura de que su tercera novela puede ser una obra maestra; desde luego tengo muchas ganas de ver qué más puede hacer. 
Por cierto, que yo sepa The Enchanted aún no está traducida al castellano. Vi una traducción alemana así que supongo (espero) que enseguida llegará aquí. Si me entero de algo os lo pongo en facebook

viernes, 8 de julio de 2016

Ritos funerarios, de Hannah Kent

Lo menos malo que se me ocurre para no estropearos la experiencia es empezar contándoos la mía. 
Esta fue una lectura bastante extraña porque me había creado tantas expectativas que, por un momento, cuando aún llevaba muy pocas páginas, tuve miedo de llevarme la decepción del año; creo que eso no me había pasado nunca. 
Cuando empecé a escribir este post (una de las muchas veces, quiero decir) pensaba que era porque ya sabía mucho sobre Ritos funerarios antes de leerlo, demasiado para mis costumbres; es lo malo de las reseñas (ups). Ahora, después de tantos intentos, lo tengo menos claro que nunca.
Nada de esto tiene que ver con el argumento, que se resume magníficamente en cualquier contraportada. Si acaso, es una cuestión de textura. Ambientación, como dicen algunos. Sí, esto es lo que más elogia todo el mundo. Oí muchas veces que en Ritos funerarios la atmósfera es casi tangible. Y así, sin quererlo, igual os acabo de arruinar el libro. Perdón... 
Voy a intentar explicarme, que a lo mejor no está todo perdido. Creo que fue precisamente en ese concepto de la "ambientación" donde yo me perdí. Es una imagen que se entiende muy bien pero se construye de maneras tan diferentes que es difícil encontrarse antes del resultado final. A lo mejor la textura de aquellas primeras páginas de Ritos funerarios no era lo que yo me esperaba. Seguramente no será lo que cada uno de vosotros esté pensando ahora mismo. Pero tranquilos, que no cunda el pánico: si todo sale tan bien como podría salir, estaréis metidos de lleno en Ritos funerarios antes de que os dé tiempo a pensarlo dos veces. Al menos eso fue lo que me pasó a mí.

miércoles, 29 de junio de 2016

The First Fifteen Lives of Harry August, de Claire North

Mira que intento recomendar este libro eh; mira que tuve oportunidades. La última, de hecho, hace un par de días nada más. Lo bueno es que para entonces ya era muy consciente de mi fracaso y acabé reconociendo: "Te lo estoy contando fatal; indaga por tu cuenta, que el libro merece toda la pena del mundo". Creo que eso es lo único que puedo repetir: The First Fifteen Lives of Harry August merece toda la pena del mundo. No deja de ser curioso lo entusiasmada que sigo con este libro cuando lo empecé sin esperar gran cosa. A lo mejor eso influyó un poco, claro, pero eso no quita que sea un novelón por derecho propio. 
A los que me dejaron les estuve repitiendo lo mismo que había oído yo sobre The First Fifteen Lives of Harry August al principio: que si reencarnaciones, el mundo que se acaba... Es ahora, después de tantos intentos fallidos, cuando me doy cuenta de que eso no es lo más importante de la novela: lo que brilla es cómo está contada la historia. Es que es tan natural... Llegó un punto en que no me sorprendía realmente lo que pasaba, por fantástico que fuese, porque estaba todo tan bien cimentado y desarrollado que parecía lo más lógico. Claro, influye que la perspectiva desde la que se narra es la del protagonista, y para él esta historia no deja de ser una anécdota. 
Tengo que reconocer que hubo momentos en que eso mismo se me hizo un poco cuesta arriba. Sentía que no era capaz de conectar con la historia, de preocuparme por lo que le pudiese ocurrir al personaje. Pero es que, en el fondo, a él también le trae sin cuidado. Creo que esa es la gracia de esta novela: consigue acercar al lector a ese punto de indiferencia al que te lleva no tener principio ni final.
Supongo que esto mismo, aunque a mí me fascinó, puede echar para atrás a otras personas. Pero todo es probar ¿no? Independientemente de estos dilemas, Claire North es una escritora estupenda; es imposible acercarse a un libro suyo y no sacar nada en claro.
The First Fifteen Lives of Harry August está traducido, por cierto; aquí os dejo la portada española.
¡Ah! Se me olvidaba: Claire North estará firmando en el Celsius 232, que se celebra en Avilés del 20 al 23 de julio. Aún no se ha publicado el programa por días; estad atentos.

miércoles, 15 de junio de 2016

Master of None (T1)


Amigo de la vida real, si estás leyendo esto, por favor, no me pidas que te explique de qué va Master of None. No es necesario que pasemos por eso: yo tartamudearé, diré algo muy raro que no le hará justicia a la serie, tú sonreirás y asentirás porque para eso están los amigos, y una serie estupenda desaparecerá de nuestras conversaciones futuras. Amigo de la vida real: no nos hagas eso. 
Por más vueltas que le doy, no consigo encontrar una manera mínimamente decente de explicar Master of None. Supongo que la novedad de esta serie no es tanto la historia en sí como la forma de contarla y, sobre todo, el ángulo desde el que se cuenta. Algo así sólo lo podía hacer Aziz Ansari. 
Yo recomendaría dejar este post aquí mismo y ponerse directamente con el primer capítulo de Master of None. Ahora, si de verdad te hace mucha falta saber algo más, te tendré que decir que el protagonista es un actor de anuncios de televisión que intenta meterse en el mundo del cine, o quizás en alguna serie. Pero sin presiones: Dev nunca deja de tener tiempo para sus amigos, salir con chicas... Lo normal. Me dirás que esto ya lo has visto, y más de una vez, además. Por eso te decía que pasaras del post y fueras al capítulo. Aquí te estás perdiendo lo genuino y lo humano que distingue Master of None de todas las sitcom que he visto: no hay artificio en esta historia; es un diálogo de tú a tú sobre todas las preguntas que te hacías, aun sin saberlo. 
Habrá segunda temporada en 2017. Espero que me dé tiempo a recomponer mi pobre corazón antes de que se estrene.

lunes, 6 de junio de 2016

Unbreakable Kimmy Schmidt (T2)

Pues... Así de rápido se ve Unbreakable Kimmy Schmidt. Hace muy poco os hablaba de la primera temporada y, por mucho que el ritmo de posts últimamente no se corresponda con la realidad, sí es cierto que terminé esta segunda temporada casi sin darme cuenta. 
Ahora por fin cobran auténtica importancia todos esos detalles que parecían bromas sin sentido. Es lo que más estoy disfrutando de la serie. Me ha gustado mucho ver esta evolución, de anécdota tonta a pilar argumental. El miedo de Kimmy al velcro es el mejor ejemplo que se me ocurre; atentos a eso. 
Aunque sé que me repito, no puedo dejar de decir que Unbreakable Kimmy Schmidt nunca pierde el gusto de comedia. Por eso me sorprendió tanto que ahondase de una manera tan madura en los conflictos más íntimos de los personajes. Por supuesto, la que más desarrollo tiene en ese sentido es Kimmy pero nunca eclipsa del todo a los demás. Creo que esta temporada reparte muy bien la atención entre todos sus protagonistas. 
Dicho esto, sí hay que centrarse en Kimmy. En ella y en lo que representa. Siempre me pareció muy curiosa la forma en que la lanzaron al mundo después del búnquer: no tenía más herramientas que las de una niña de quince años, y sin embargo se esperaba de ella que se comportase como una adulta. En ese sentido, Kimmy es como esta serie: aúna dos dimensiones que en principio parecían irreconciliables, y donde más brilla es en la zona en sombras que las une. Le tuve cariño desde el principio, pero creo que es ahora cuando realmente la estoy valorando como se merece. Ayuda mucho el gran reencuentro del final de la temporada (aunque eso no os lo puedo contar, claro).

domingo, 5 de junio de 2016

Station Eleven, de Emily St. John Mandel

Muy pocas veces me he involucrado tanto en una historia. 
Creo que me pasé todo el tiempo que leía Station Eleven absolutamente insoportable, tirando de la manga del primer incauto que me preguntaba "qué tal" (no el libro, qué tal en general, pero a mí me daba igual). Por suerte me rodeo de gente tan educada que me dejaban hablar y hasta se interesaban un poquito. Es una pena que no sepa hacer sinopsis. Les decía que Station Eleven trata sobre "una compañía de teatro que va representando Shakespeare por un mundo post apocalíptico". Y es cierto, es de lo que trata la novela, pero se deja tanto fuera... 
Lo que me enamoró de Station Eleven fue su humanidad. Aunque esa especie de apocalipsis está muy presente en la novela, nunca se impone a lo estrictamente personal; muestra la cara más íntima del fin del mundo. Además, como la catástrofe está muy cerca del tiempo de la narración, es muy fácil ponerse en la piel de los personajes, sobre todo porque muchos recuerdan todavía cómo eran las cosas que nosotros conocemos. Comparan con lo que tienen delante, pero no se regodean en el horror que viven, sino en lo mágico que era viajar. O usar un teléfono. O el wifi. Emily St. John Mandel consiguió por momentos que la vida diaria me pareciese literatura fantástica. 

Os dejo una imagen de la portada española, por si acaso, y una presentación en vídeo de la propia autora cuando la novela se tradujo al español. Por supuesto ella define Station Eleven mejor que nadie. Es un vídeo muy cortín, merece toda la pena que lo veáis entero. 

sábado, 4 de junio de 2016

La vida secreta de Walter Mitty

La vida secreta de Walter Mitty no es una historia de aventuras extraordinarias; conviene tener eso claro antes de meterse en esta película. 
Llevo un tiempo dándole vueltas a una cosa. Hablaba el otro día con un compañero de una novela que me había impactado muchísimo (espero poder dedicarle un post pronto), pero enseguida dije que el final no me había sorprendido. El caso es que para mí eso no era malo; sólo me pilló desprevenida el hecho de que no me importase nada. Lo que valoré en ese libro, y también en La vida secreta de Walter Mitty, es algo distinto. 
Si me tengo que guiar por estas experiencias, sólo puedo pensar que cuando una historia se centra tanto en lo personal la intriga se acaba perdiendo. En el fondo tiene sentido ¿no? Al fin y al cabo, conocer tanto a una persona supone poder anticiparse a sus reacciones. 
Da la sensación de que La vida secreta de Walter Mitty me dejó muy tibia, y la verdad es que el recuerdo que tengo de ella es muy dulce. No esperaba gran cosa de ella cuando me puse a verla y me acabé llevando una gratísima sorpresa. Es una película muy bien hecha, con mucho mimo en todos los detalles (atentos al color y la banda sonora). Lo que más agradecí, personalmente, fue ver un personaje tan de carne y hueso: podría haber sido un hombre terriblemente amargado o uno de esos optimistas insoportables, pero no tomó ninguno de esos caminos. 
Parece que La vida secreta de Walter Mitty optó en general por mantenerse en un término medio; quizá por eso no me sale ponerme más visceral. Se impone la modestia de esta película: cumple todo lo que prometía, pero, para empezar, sus promesas nunca fueron demasiado ambiciosas. 

lunes, 30 de mayo de 2016

Unbreakable Kimmy Schmidt (T1)


El otro día estaba hablando de series con una compañera de clase. Tenía tan reciente Unbreakable Kimmy Schmidt que era inevitable hablar de ella. Lo que me dejó totalmente descolocada es que no sabía cómo explicarle de qué trataba; no me refiero a lo que me pasa siempre y repito tanto en este blog. Debió de ser raro, sobre todo porque empecé, bueno, por lo que es: un grupo de mujeres de vuelta en el mundo exterior después de pasar quince años secuestradas en un búnquer. Supongo que esta premisa al lado de "sitcom" dio una imagen muy extraña. Pero es que ni siquiera ahora se me ocurre otra cosa. Realmente es eso de lo que trata Unbreakable Kimmy Schmidt, y lo hace siempre en clave de comedia.
Ahora bien, recordemos quién está detrás de esta serie: nada menos que Tina Fey. De esta mujer no me sorprende tanto que sea capaz de hacer una comedia tan buena a partir de un tema tan poco dado a bromas. Lo que más me gusta de Unbreakable Kimmy Schmidt es precisamente el punto en que ambas dimensiones, la cómica y la seria, se solapan: aunque domine la comedia, la humanidad nunca está ausente en Unbreakable Kimmy Schmidt
Por supuesto, esta no deja de ser una sitcom de manual, con todos los elementos a los que ya estamos más que acostumbrados: las exageraciones, los escenarios estáticos, esa temporalidad tan propia... Creo que son "convenciones" que deben aceptarse sin más para poder disfrutar un poco. Sin embargo, Unbreakable Kimmy Schmidt da un pequeño paso hacia un cierto realismo y plantea detalles nimios en apariencia pero que acaban revelando una importancia capital. En esa línea es imprescindible destacar el mimo con que están concebidos los personajes; es imposible no acabar queriéndolos a todos, a cada uno por lo que demuestra ser. 
Sólo hay que tener un poco de paciencia: Unbreakable Kimmy Schmidt nace como una comedia de siempre; su carácter propio se va demostrando poco a poco.