miércoles, 20 de abril de 2016

La ciudad ausente, de Ricardo Piglia

La ciudad ausente no es lo que me esperaba. Y esto, que suena casi demasiado diplomático para ser sincero, no es más que la verdad. 
Con este libro me pasó lo mismo que con Tierno bárbaro en su día. El antecedente me viene muy bien para este post pero lo cierto es que no aprendí mucho de aquella experiencia: no saqué una clave de lectura que me permitiera abordar La ciudad ausente como es debido.
Claro que este caso es un poco distinto: Tierno bárbaro no pretendía ser más historia que recuerdo; La ciudad ausente, en cambio, es mil historias al mismo tiempo. Puede que sus comienzos sean más o menos convencionales, pero a partir de un momento dado La ciudad ausente no deja de recomponerse a partir de sus propios restos. Uno no puede leer algo así como una novela convencional. Si tengo que señalar un error en mi lectura es precisamente este: me agarré a la solidez del relato clásico sin darme cuenta de que sería como atrapar el humo. 
Que no os pase lo que a mí: no leáis la sinopsis. Intentad disfrutar del viaje, sin más.

lunes, 4 de abril de 2016

¡Ave, César!

Sólo un minuto de ¡Ave, César! y ya estás metido en la historia; es el magnetismo de los Coen.
Lo que pasa es que da la sensación de que la historia está algo diluida. Hay tantos frentes abiertos que a veces resulta difícil centrarse en la trama principal, a pesar de que su asunto está perfectamente definido. 
Lo escribo, lo releo, y me planteo que a lo mejor en su momento me dejé llevar por un reluciente truco de prestidigitador. Puede que lo que entonces consideré "trama principal" no sea más que la excusa que desencadena la peripecia y, en el fondo, no tiene más trascendencia que esa. 
Si estoy en lo cierto, ¡Ave, César! es una película que da mucho más peso a un segundo significado que apenas tiene que ver con la anécdota más llamativa. Me estoy haciendo de rogar porque todo se desvela en las ultimísimas escenas de la película y no quiero estropearos el final. Lo mejor es llegar a esas pequeñas perlas sin sospechas ni prejuicios, y poder salir del cine con buen sabor de boca. 

sábado, 2 de abril de 2016

Oso, de Marian Engel

Hace algún tiempo leí una entrevista a Enrique Redel, editor de Impedimenta; os dejo aquí el enlace porque realmente merece la pena leerla entera. 
Como veréis, uno de los libros que menciona Redel es Oso, de Marian Engel. Tengo mucha fe en todo lo que edita Impedimenta porque se ve mucho mimo en cada proyecto, y si encima el editor lo recomienda... Me faltó tiempo para incluir Oso en mi lista de lecturas pendientes en Goodreads. Entonces leí la sinopsis y los comentarios, bastante más explícitos que Redel en su entrevista. Por si no estabais pensando mal, la protagonista de esta novela sí tiene sexo con un oso. No, no es una metáfora; el texto no deja ninguna duda al respecto.
Lo bueno de la literatura es que te permite recorrer caminos tan extraños como este. No se trata de simpatizar con el personaje, sino de poder llegar a entender lo que marcó una dirección y no otra, y Oso es un rotundo éxito en ese sentido. 
Terminé esta novela un poco sorprendida, aunque no realmente extrañada. No me puse en la piel de la protagonista, pero como lectora pude ver muy de cerca cómo se desarrollaba su historia. No importa qué habría hecho yo o qué habría dejado de hacer, sino lo coherente que es la psicología del personaje. En una novela como Oso uno debe intentar dejarse fuera y caminar pegado a lo que se le cuenta porque al final, de verdad, todo tiene sentido. El suyo, pero lo tiene.