jueves, 30 de octubre de 2014

Stardust

Hace ya unos cuantos años que vi El Imaginario del Doctor Parnassus. Ya no recuerdo de qué iba exactamente ni cómo terminaba, mucho menos por qué me fascinó tanto. Sólo sé que siempre acabo comparando otras películas con ella, como Stardust el otro día. Y salió perdiendo, por cierto. Ya sé que las comparaciones son odiosas pero a veces son inevitables.
El Imaginario del Doctor Parnassus tenía ese estilo como de cuento retorcido y trasnochado que tanto me gusta y que muy pocas veces he vuelto a ver. Por lo menos no recuerdo ninguna ahora mismo. Supongo que a estas alturas debería ir planteándome que a lo mejor el tiempo ha ido adornando el recuerdo y que, en el fondo, de aquella era aún más impresionable que ahora.
Mientras tanto no puedo librarme de esta sensación como de decepción. Es que Stardust empezaba de una manera muy similar a El Imaginario del Doctor Parnassus; la atmósfera era muy parecida y tenía toda la pinta de seguir el mismo camino. Os podéis imaginar que no fue así.
Tampoco quiero echar por tierra la película completa, entre otras cosas porque sí es cierto que me entretuvo bastante y, además, hubo algunos puntos sencillamente geniales. Lo que hacía en esos momentos era tomar elementos más que tradicionales y darles un punto inesperado y bastante absurdo, pero estupendo en conjunto.
Es una pena que hacia el final de la película acelerasen tanto los acontecimientos. Llegados a este punto, el problema no es ya no contar una historia más o menos original, sino no poder contar bien una historia, sin más. Quedaron demasiadas cuestiones sin resolver y muchos asuntos mal rematados y, además, parece que ya no había sitio para lo sorprendente, ni lo más mínimo. La verdad es que me desilusionó bastante encontrar en el final de Stardust lo mismo de siempre.

miércoles, 29 de octubre de 2014

La Regenta

Siempre se me hace muy raro hablar de grandes clásicos como este. En fin, a estas alturas ya no necesitan ningún tipo de presentación. Se ha dicho y escrito tanto sobre ellos que es prácticamente imposible añadir algo nuevo. Y, desde luego, cualquier comentario que yo pueda hacer en este blog (que ya no tiene un objetivo tan claro) parece casi fuera de lugar. Pero bueno, se hará lo que se pueda. 
Yo empecé a leer La Regenta con mucho entusiasmo. Es prácticamente un libro de referencia en mi casa y, en general, un nombre que flota por mi querida ciudad. Un título imprescindible, en suma.
Lo que pasa es que yo soy una lectora muy de mi siglo; esa es la conclusión a la que llegué. Tardé bastante en darme cuenta de que en La Regenta hay algo que me resultaría siempre incómodo: un conocimiento absoluto de todo lo que pasa en cualquier parte y todo lo que pueden pensar los personajes. Fueron un par de clases recientes las que me dieron el empujón que necesitaba, por cierto, no llegó la inspiración de pronto a resolver todos mis problemas. Ya me gustaría algo así.
Tengo claro que La Regenta es una obra maestra de la literatura de su tiempo, eso por descontado, pero el hecho es que me costó un triunfo terminarla. Lo hice porque tenía fe en que me acabaría gustando, supongo, y sobre todo porque soy totalmente incapaz de dejar un libro a medias. Lo bueno es que al final sí le cogí el punto y llegué a disfrutar La Regenta tal y como es. Me llevó unas 700 páginas pero, oye, ni tan mal.

viernes, 24 de octubre de 2014

Orange Is The New Black


Yo empecé a ver Orange Is The New Black casi sin querer. Y creo que seguí de la misma manera. A ver, quería saber cómo evolucionaba la historia, de verdad que quería, pero siempre tuve la sensación de que realmente no había una historia como tal: no hay un argumento único que englobe estas dos temporadas, y las que queden. No me vale "Piper va a la cárcel, la serie va de cómo trata de sobrevivir ahí" porque muy pronto Piper se convierte en un personaje más de este inmensísimo mural. Además, tengo que reconocer que le tengo un poco de manía.
El caso es que Orange Is The New Black funciona. Aunque falte esa cohesión global, esta serie es capaz de desarrollar unos personajes lo bastante interesantes como para captar la atención del público. En ese sentido viene muy bien que de vez en cuando un capítulo se centre en uno solo de esos personajes y se aborde su historia. Unas veces es más sutil que otras pero siempre se consigue entenderlos un poco mejor. Es una manera genial de recordarnos que todos tenemos pasado, fondo y cargas.
Por supuesto, no podemos pasar por alto la descarnada crítica que esta serie hace del sistema que representa. Yo no podría expresarlo con palabras, la verdad; creo que algo así es mejor verlo. Sólo puedo decir que casi me resulta increíble que algunas personas, en alguna parte, se vean tan desprotegidas, tan ignoradas y tan olvidadas.

Las normas de la casa de la sidra

Las normas de la casa de la sidra se desarrolla de una forma tan orgánica, tan casi-sin-querer, que es imposible no seguir su curso.
Así que cuanto más lo pienso más gracia me hace que los protagonistas pasen tanto tiempo reflexionando y se angustien de aquella manera cuando al final es muy poco lo que ellos hacen por cambiar las cosas: son lo que son sin que nadie tenga que hacer nada.
Esto es lo que me chirría tanto de Las normas de la casa de la sidra. No es que la historia no te absorba, que lo hace. Lo veo y me lo creo, me intereso y me muero por saber cómo acaba. Pero echo en falta algo más de actividad. Prefiero que un personaje tenga que abrir su propio camino, no que baste con dejarse llevar.
Supongo que no será más que una cuestión de gustos. Al fin y al cabo, parece que lo mismo que yo "reprocho" es seguramente lo mejor de la película o, como poco, lo más distintivo. Pero es que a mí las cosas tan naturales y tan determinadas por la lógica me dejan bastante fría, la verdad.

domingo, 12 de octubre de 2014

Eduardo Manostijeras

"Todos los monstruos son humanos". No sé dónde lo oí ni cuándo, pero cada día estoy más convencida de que es cierto. 
Aunque esta es una verdad muy presente en Eduardo Manostijeras, no es lo que más me llamó la atención mientras la veía. Debe de ser porque fue El hombre elefante la película que me grabó a fuego esa idea. 
Lo que hace a Eduardo Manostijeras tan especial es la naturalidad con que se presenta el tema. Es una forma de tratar lo extraordinario que no me esperaba, si he de ser sincera. En fin, Edward tiene un aspecto tan particular que no esperas que reciba una bienvenida tan afectuosa. Y sin embargo sus vecinos lo acogen con cariño, lo celebran, lo cuidan. Pero se vuelven codiciosos y ahí es donde empiezan los problemas.
Reconozco que, aunque debí habérmelo imaginado, para mí fue un poco descorazonador ver el proceso. Caí en la trampa que la película tendía con ese comienzo tan amable y me perdí. Todas las señales estaban ahí pero no las vi hasta que fue tarde. Es un despiste perfecto.
En fin, Eduardo Manostijeras me ha cautivado. Me encanta la forma en que se combinan lo grotesco y lo pastel, y cómo todo se agita y gira dramáticamente. Y eso que no me entusiasma Tim Burton; su sello se me hace tan reconocible que me cansa. Con todo, creo que hizo un trabajo extraordinario con esta película.

Puesto #69 de las 200 de Cinemanía.

jueves, 9 de octubre de 2014

El reino de este mundo, de Alejo Carpentier

Yo sólo me iba a leer los primeros capítulos para entender un poco mejor un texto de clase. De verdad que era esa mi idea. Lo que pasa es que no pude parar.
Esta es la primera novela de Alejo Carpentier que leo. Los comienzos con un autor nuevo siempre son algo complicados. Supongo que sin saberlo nos habituamos a ciertos escritores, a sus manías y costumbres, y de pronto algo distinto chirría, para bien o para mal. No sé si fue eso lo que me retuvo en El reino de este mundo; no lo descarto.
Sea como fuere, esta es una novela que hay que leer. Y punto. No sólo por lo magníficamente bien escrita que está y por su frescura, que aún se mantiene, sino porque abre la puerta a una realidad que se olvida demasiado a menudo. El desconocimiento más absoluto ha hecho mucho daño en casos como este.
Hay muy poco más que pueda comentar sobre El reino de este mundo sin destripar las partes más importantes, la verdad. Es una novela que merece la pena leer, dejémoslo así. Una de las más impactantes que he leído en mucho tiempo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Hermano Oso

Las mañanas de mis domingos son un poco raras. Me entusiasmo con el desayuno y, claro, la cosa se va alargando. Encima hay veces que de pronto aparece en televisión una peli apenas empezada. 
Ya me habían hablado de Hermano Oso. No me habían dicho gran cosa pero hace falta bien poco para que me pique la curiosidad. En fin, domingos que pasan.
Recuerdo que comenté en casa lo potencialmente traumática que me parecía esta película. Como Bambi, dije, o hasta peor. Pero mejor eso lo dejamos a un lado; mejor no remover aquellos tiempos tan cruentos.
No sabría decir qué fue lo que hizo que me quedase a ver Hermano Oso entera. Supongo que algunas películas simplemente te llegan, sin más, aunque pases buena parte de tu vida sin saber por qué. Tendrá que ver con que en su momento me censuraron Bambi en casa (me enteré el otro día, por cierto) y este tipo de impactos son necesarios para madurar. 
Pero, aunque Hermano Oso sea el Bambi de mis veinte, creo que Disney da un salto cualitativo en este caso, aunque sólo sea por una cuestión de coherencia. El final de esta película era realmente el único posible, por mucho que pases la mitad del tiempo elucubrando y deseando que sea de otra manera. No es malo, no es un nuevo trauma ni la resurrección de uno antiguo: es lo que tiene que ser, y a lo mejor eso es lo más impactante. 

martes, 7 de octubre de 2014

Boyhood

A veces el cine puede funcionar como una ventana. A otros mundos, otras realidades, otras vidas; lo que queráis. El caso es que pocas veces se hace tan obvio como en Boyhood.
Esta es seguramente una de las películas más fieles a su concepto que he visto en mucho tiempo. Aquí en España se le añadió al título un paréntesis muy ilustrativo: momentos de una vida. Aunque no me gusta eso de los títulos bilingües, tengo que reconocer que en este caso resume a la perfección lo que es esta película. Yo por lo menos no me lo he podido sacar de la cabeza desde que la vi. 
Boyhood nos permite ver una serie de episodios a lo largo de la vida de este niño que mira las nubes desde el póster. Es posible que no sean los momentos clave, o los más emblemáticos, pero gracias a ellos podemos hacernos una idea de lo que será ese niño cuando crezca, de lo que serán las personas que lo rodean y, lo que es más importante, podremos interesarnos y preocuparnos por todos ellos. 
Boyhood rezuma humanidad. A lo mejor la suya no es una trama absolutamente absorbente por sí sola, pero el hecho es que Boyhood interesa porque Mason interesa, no ya como personaje o por su historia, sino como persona. No al estilo de Frances o Nancy (por suerte); Mason interesa como lo puede hacer un vecino de siempre o un amigo de toda la vida. Ese es el mayor triunfo de Boyhood: es vida hecha cine.

domingo, 5 de octubre de 2014

El Señor de los Anillos. Las dos torres


Ser segunda parte no es fácil. No ya por aquello de "segundas partes nunca fueron buenas"; esa cuestión queda muy lejos de El Señor de los Anillos. Es que Las dos torres tiene que lidiar con un absoluto sentimiento de pérdida y desolación, muy oportunamente recordado al comienzo de la película, y al mismo tiempo sentar las bases de lo que ha de venir a continuación. 
La verdad es que se me hace muy raro hablar de Las dos torres como si fuese algo nuevo o como si no la hubiese visto nunca. También es verdad que me pasó más o menos lo mismo que cuando vi La comunidad del anillo: había tantas cosas que nunca me habían llamado la atención o que casi se me habían olvidado que fue como encontrarse con una película desconocida.
Otro detalle de Las dos torres que valoro más ahora que ha pasado el tiempo es que aparecen muchos personajes nuevos que extienden la historia. La trama no avanza tantísimo en Las dos torres, sino que hunde sus raíces en la tierra para crecer firme y fuerte. Como Festín de cuervos en Canción de hielo y fuego
De lo que se trata, en fin, es de darse cuenta por fin que la historia de El Señor de los Anillos no es ir dando un paseo hasta los confines del mundo. 

Puesto #112 de las 200 de Cinemanía.