domingo, 19 de marzo de 2017

Las chicas Gilmore (T1)

Para mí esto es tan revival que no se me ocurrió hasta la sexta o séptima reescritura del post que existe gente en el mundo que nunca ha visto Las chicas Gilmore
Así dicho parece que la posibilidad me escandaliza, pero no se trata de eso. Es sólo que a veces, qué queréis que os diga, una está tan integrada en su universo particular que tiene que forzarse a descubrir que el mundo tiene fronteras. En mi defensa sólo puedo alegar que, a estas alturas, ya no recuerdo cómo fue descubrir Las chicas Gilmore. Se estrenó en el año 2000, así con la tontería. Quiero creer que no soy la única que piensa que, cuando una serie lleva tanto tiempo en marcha, todo el mundo la ha oído mencionar al menos una vez. Eso sí, siempre tuve muy claro que Las chicas Gilmore era una serie muy particular, dirigida a un público muy concreto. Reconocerlo es sencillo; describirlo, no tanto. 
Por los nuevos que me tuve que recordar, supongo que es justo decir que hay drama en la base de Las chicas Gilmore. Al fin y al cabo, no deja de ser la historia de una madre soltera y su hija adolescente que, por una serie de circunstancias, deben retomar el contacto con la familia materna. Sin embargo, lo que siempre me llevé de Las chicas Gilmore fue su sentido del humor. Para entendernos: el tono es parecido al de Chandler de Friends, pero con un fondo profundamente tierno. 
Como siempre, me reservo la sinopsis porque dudo mucho que pudiese hacerle justicia a la realidad. En ningún resumen de Las chicas Gilmore os hablarán de los gloriosos secundarios que pueblan las calles de Stars Hollow ni de sus diálogos, siempre ingeniosos e increíblemente ágiles. De verdad creo que sólo por eso merece toda la pena darle al menos una oportunidad a Las chicas Gilmore

sábado, 18 de marzo de 2017

Sueños de piedra, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual

En la biblioteca de mi colegio había una especie de cartel o pancarta, no recuerdo bien, que decía: "No hay libro tan malo que no tenga algo bueno". Difícilmente iba a saber entonces que aquello era una cita del Quijote; lo importante es que es una máxima que sigo teniendo muy en cuenta como lectora. 
Sin embargo, echo la vista atrás y no encuentro ningún interés en Sueños de piedra. No sabéis cuantísimo siento decirlo porque tenía muchas esperanzas puestas en esta novela. La amiga que me la prestó me había dicho que seguramente no sería de mi estilo pero, no sé, lo que más interioricé de todo lo que contó de Sueños de piedra fue que era una vuelta de tuerca feminista a la clásica historia de caballerías. 
Para ser justos, mi primer problema con Sueños de piedra es sólo mío: esperaba una historia de aventuras y resultó ser fundamentalmente un romance. Hacia la mitad de la novela queda claro que la trama inicial es la excusa que pone en marcha la relación entre los protagonistas. No tengo nada en contra de este tipo de historias, pero sé que no son para mí. Lo único que puedo señalar al respecto en Sueños de piedra es que el romance se fue comiendo todo lo demás y, al final, esta fue la única línea que tuvo un desenlace propiamente dicho; el resto casi parecía un accidente.
El asunto que ya me preocupa más es el aire feminista de Sueños de piedra. Vayamos por partes: es maravilloso que la protagonista tenga tan claro que lo que quiere, por encima de todo, es ser una gran comerciante. Me encanta que sea su ambición y su fuerza de voluntad lo que la pone en movimiento, no su pasado como prostituta. Ahora bien, me preocupa un poco que en un momento dado este mismo personaje diga: "Quizá él podría curarme". No insinúo que el feminismo sea incompatible con una relación romántica, pero no puedo dejar de pensar que tal vez esta no era la mejor forma de plantearlo: es demasiado fácil que este planteamiento derive en la jerarquía de siempre. 
Camino con pies de plomo por este post porque sé que las autoras escribieron Sueños de piedra con la mejor de las intenciones. Por desgracia, a veces eso no basta. Pienso sobre todo en la caracterización de los protagonistas: se nota que intentaron darles dimensión, complejos, claroscuros..., pero nunca fueron capaces de desarrollar sus dilemas de una forma realmente orgánica. Creo que el problema es que tenían demasiado miedo a que esos matices se perdieran, y por eso hicieron que los propios personajes explicitasen sus preocupaciones en lugar de dejar que sus acciones hablaran por ellos. 
Con todo, lo que más me resquema es que no hay nada gris en estos personajes. Sueños de piedra se empeña en plantear escenarios muy sórdidos, pero no deja que nada de eso cale en los protagonistas: están diseñados como algo tan intrínsecamente heroico que nunca jamás podrían caer en nada siquiera medio censurable. Puede que fuese aquí donde Sueños de piedra me perdió definitivamente porque, a diferencia de todo lo demás, esto estaba definido desde el principio. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Pioneros, de Willa Cather

Pioneros prometía ser la historia de una mujer contra el statu quo. Imaginaos: por una vez es la hija de la familia la que saca adelante el sueño de su padre. Ella, y no cualquiera de sus hermanos. Ni siquiera hoy hay tantas historias así, ¿cómo no me iba a animar con esta lectura del Club Pickwick?
Por desgracia, Alexandra pasa muy pronto a un segundo plano: Pioneros toma su progreso como una medida temporal para ubicar y desarrollar otra historia diferente. Intento no aferrarme a estos "lo que pudo haber sido y no fue" pero Alexandra me parecía tan interesante que no pude evitar pasarme todo Pioneros echándola de menos. Tampoco ayuda que las historias de amor me interesen más bien poco, aunque es cierto que la de Pioneros no es excesiva ni rimbombante. Nunca será lo que esperaba de la novela, pero no puedo decir que no llegase a disfrutarla. Era imposible no hacerlo, con unos personajes tan bien dibujados que se podían tocar.  
Al final toda esta pataleta se reduce a una cuestión de expectativas; son cosas que pasan. Yo quería ver cómo Alexandra conseguía hacerse oír por encima de los prejuicios de sus hermanos y vecinos, no que me contasen que ya lo había conseguido. 

domingo, 12 de marzo de 2017

Logan

A veces la gente que más aprecias es la primera que hace añicos tu emoción por una película. 
A grandes rasgos, Logan me gustó. Disfruté mucho esta nueva atmósfera, más oscura y decadente, y hasta aprecié que los todopoderosos Xavier y Logan pareciesen vulnerables por una vez (aunque dolió).  
¿Que Logan es básicamente una persecución? Bueno, sí. Pero una persecución muy entretenida. No debo dejar de valorar que en ningún momento sentí el impulso de mirar el reloj en las dos horas largas que dura Logan. Bien es verdad que a mí el modelo road trip me gusta. Siempre me llamó mucho la atención cómo un personaje debe apañárselas en entornos desconocidos y, las más de las veces, con recursos muy limitados. Claro, esto funciona cuando los personajes te interesan: Logan no tendría sentido si no hubiese conseguido que el público simpatizase con Xavier, Logan y Laura. De verdad que jamás hubiese imaginado que podrían hacérmelo pasar tan mal. 
Tan sobrecogida estaba yo con todo esto que no me di cuenta de los problemas que tiene Logan hasta que me lo dijeron mis amigas. Ellas comentaban que Logan plantea más preguntas de las que responde, y eso en principio no sería un problema si no fuese porque esta película se anunció como la conclusión de la historia. Yo me niego a creer que esto acaba aquí pero, quién sabe, a lo mejor se trata un ejercicio extremo de autonegación. Me explico: estoy conforme con el desenlace de Logan siempre y cuando funcione como transición a otra historia. 
Ahora bien, sí debo darles la razón en una cosa: Logan insinúa un nuevo paradigma pero en ningún momento llega a desarrollarlo. Algo ocurrió para que sólo queden los mutantes que aparecen en esta película, ¿por qué no nos lo cuentan? Parto de la base de que algo así, tan trascendental para todo el universo de X-Men, no se cuenta en las anteriores películas de Lobezno pero puedo estar equivocándome.
Cada vez tengo más claro que este comentario no podrá estar completo hasta que vea lo que me falta de la saga de Lobezno. En mi defensa sólo puedo decir que vi la primera parte cuando se estrenó en cines y no me gustó, así que decidí no continuar. Logan parecía tan interesante y tan distinta que no pude resistirme. Quizás cometí un error enorme al lanzarme sin más; os lo diré cuando lo averigüe. De momento sólo puedo repetir que, a pesar de esta crisis que se me acaba de venir encima, disfruté mucho viendo Logan: me ganó su personalidad y carisma.

Múltiple

Sé que las comparaciones son odiosas pero no soy capaz de evitarlas ahora mismo. La sombra de El bosque es alargada. 
Lo curioso es que en su momento no tuve tanto en cuenta que Múltiple la dirigía Shyamalan. Este pobre hombre tiene una trayectoria tan irregular que su nombre, más que altas expectativas, genera una curiosidad casi malsana. Y sin embargo aquí estoy: repitiéndome que en El bosque esto, en El bosque aquello... En fin. 
En defensa de Múltiple debo decir que esto sólo empecé a pensarlo cuando salí del cine: mientras la veía, la película me tenía totalmente atrapada. Es cierto que el desenlace, a grandes rasgos, se ve venir pero en realidad no es eso lo magnético de Múltiple, al menos no lo fue para mí. Lo que me fascinó fue el retrato de las muchas personalidades del personaje de James McAvoy. Cada una de ellas tiene una definición propia, diseñada al milímetro: sus gestos, su manera de andar, de mirar..., y sus miedos y pasiones. Me pregunto qué habría sido de todo esto sin James McAvoy, que puede pasar de una a otra en mitad de un giro de la cabeza, en una transición tan sutil como rotunda. Magistral es quedarse corto. 
Lo único que no me termina de encajar es la trama de la protagonista, no por el personaje en sí, sino porque su incorporación a la historia es demasiado perfecta: todo lo que esa chica ha pasado antes de llegar a esto le ha dado justo lo que necesitaba para afrontar la situación. Estaba tan calculado como la historia de McAvoy, y sin embargo su encuentro se plantea como una casualidad. Mira que Múltiple tiene toques de ciencia ficción pero, curiosamente, ese es el momento que no me pude creer del todo.