domingo, 30 de octubre de 2016

Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro

Olvidaos de la contraportada del libro y cargad con todas vuestras suposiciones cuando entréis en Nunca me abandones. Disfrutad del choque entre este universo y el nuestro.
No sé si algún día llegaré a asimilar que Nunca me abandones es una novela de ciencia ficción. Supongo que lo que me pasa es, para empezar, que siempre tuve una idea muy limitada del concepto de "ciencia ficción". Mi imagen mental del género necesitaba naves espaciales, un fondo metálico... Ese tipo de parafernalia. Ahora llega Nunca me abandones y se planta en unos años noventa que no resultan nada ajenos a nuestra propia memoria.
Esta novela no se disfraza de lo extraordinario para impactar. Se nutre del pulso entre los supuestos de nuestra lógica y los de la suya. Sin desgarramientos, sin excesos. Su objetivo no es regodearse en lo fantástico, sino construir una historia perfectamente "normal". Uno lee Nunca me abandones y no puede creer lo que está leyendo, aunque al mismo tiempo asume que las cosas no podrían haber sido de otro modo, sencillamente porque son lo que son y lo que han sido siempre. Obvio. Cualquier discusión desaparece, y con ello cualquier lucha. El descubrimiento de Nunca me abandones es al final el eco de un secreto a voces: el viaje termina cuando se asume que siempre hubo una opción única. 
Da un poco de miedo pensar que, aunque su rumbo es alternativo, nuestro destino podría ser, en esencia, el mismo. 

sábado, 29 de octubre de 2016

El silencio de las sirenas, de Beatriz García Guirado

Sé que parece que arrimo el ascua a mi sardina, pero de verdad creo que a veces conocer una sinopsis perjudica más que ayuda. En obras tan particulares como El silencio de las sirenas o, recordemos, La ciudad ausente de Ricardo Piglia, los prejuicios y convenciones son los mayores obstáculos. Uno debe entrar en estas lecturas completamente en blanco. 
Ahora bien, tengo que reconocer que yo misma me dejé llevar por el texto de la contraportada. Aunque ya entonces se intuía que El silencio de las sirenas iba a ser una lectura muy suya, al menos tenía la sensación de saber qué podía esperar. Me equivocaba, claro, pero por fin estoy madurando y soy capaz de aprender de experiencias pasadas. 
Mientras leía El silencio de las sirenas algunos amigos me preguntaban qué tal estaba. Acabaron dándome por perdida porque tardé bastante en hacerme a la lógica interna del texto. Supongo que debía de resultar un poco extraño verme disfrutar tanto una novela que, lo reconozco, aún no entendía. Por suerte para mí, tenía aún fresca la experiencia de La ciudad ausente y ya conocía esa especie de metamorfosis continua lo suficiente como para disfrutarla por lo que es. Ahí encontré el gran carisma de El silencio de las sirenas.
Pero, cuando por fin tenía mi hueco en esta novela, va el último capítulo y me expulsa. Aquí sigo, boqueando inútilmente como un pez fuera del agua. Creo que releería El silencio de las sirenas y me pararía ahí. Por esas pocas páginas El silencio de las sirenas se convierte en dos libros distintos: uno me cautivó con su encanto personal; el otro lo he leído ya mil veces. 

jueves, 27 de octubre de 2016

The Last Airbender

Hace algo más de dos años os hablaba de Avatar. La leyenda de Aang, la serie en la que se basa esta película. Aquel post lo escribí a partir de un "revival" pero bien me sirve para recordar que siempre tuve mucho cariño a esa serie. Entenderéis que desde el principio me dio bastante miedo la idea de que fuese adaptada al cine.
Un día por fin me decidí a tener miedo con un poco de criterio y vi The Last Airbender. Estoy bastante segura de que esta película parte del mismo aprecio que sentimos todos los que veíamos Avatar pero, como dicen, "de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno". Hay tanto respeto por el producto original que apenas existen diferencias entre película y serie. Y esto, que parece el sueño de todo fan, se convierte en el mayor error de toda la película. 
The Last Airbender equivale a la primera temporada de Avatar. Completa. En el fondo era inevitable que la película se acabase convirtiendo en un resumen concentrado de la serie. Los personajes son los principales perjudicados: si en Avatar se iban descubriendo sus sucesivas capas, en The Last Airbender apenas hay tiempo para una presentación completa, menos aún para un desarrollo en profundidad. Los gestos tan sentidos de los protagonistas de la serie se convierten en giros gratuitos en la película porque esos personajes son unos completos desconocidos para el espectador. ¿Cómo no iban a serlo, si casi no hay tiempo para resolver la historia?
Siempre me consideré muy purista en todo este asunto de las adaptaciones pero después de ver The Last Airbender me pregunto hasta qué punto merece la pena intentar hacer una traducción casi literal de algo que, en origen, ya tenía un interés propio. ¿Qué aporta esta película realmente? No creo que añadiese ningún valor ni descubriese lecturas alternativas al margen de la serie. Incluso diría que, demasiado a menudo, Avatar es imprescindible para comprender The Last Airbender. Si no vale ni como resumen, ¿era necesario hacer esta película?

lunes, 24 de octubre de 2016

Saga I, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Saga es otra de esas lecturas que hice casi por necesidad mientras acababa el tfm. Un cómic, me dije, será el descanso perfecto: no tiene nada que ver con lo que tengo ahora entre manos; ni siquiera el formato es el mismo. Aún no sé si Saga debe llamarse "cómic" o "novela gráfica" pero tampoco tengo claro si "tfm" equivale a "tesis" o "tesina" así que, en el fondo, esta lectura parecía una consecuencia lógica. 
Había leído que Saga era un cruce entre Juego de tronos y Star Wars, y con eso me lancé de lleno a la historia. Terminado este primer capítulo no puedo decir que aquello no fuese verdad... pero tampoco es cierto del todo. Parece una etiqueta quizá excesivamente simplista, más centrada en el marketing del producto que en la realidad del texto. En fin, esas cosas pasan. 
Es que Saga no es una historia tan grandilocuente. No hay elegidos ni grandes líderes, y nadie se juega el destino de la galaxia: Saga es más personal que todo eso. Es la historia de una familia. Lo demás, es sobre todo un fondo. Esta entrega aún no ahonda en ello pero deja suficientes indicios del complejo universo en el que se desarrolla la historia. Para mí este es un punto positivo porque, de este modo, no se resiente el dinamismo de la narración. Ahora bien, soy consciente de que lo que para mí funciona tan bien a algunos les podrá saber a poco. Es cuestión de gustos, lo reconozco. A mí no me importa esperar para saber más. Tengo paciencia y, sobre todo, muchas ganas de continuar Saga.

domingo, 2 de octubre de 2016

Cooltureta, de Moderna de Pueblo

Hace años que tengo este libro en la estantería. Juraría que en su momento lo compré poco después de que se publicase, emocionada porque me había gustado Soy de pueblo y aterrorizada por verme demasiado reflejada. Parece que en un tiempo en que se le puede poner un filtro bonito a todo es un poco complicado distinguir el "postureo" más básico de lo verdaderamente auténtico, incluso cuando se trata de uno mismo. Supongo que me daba miedo encontrarme en Cooltureta un reflejo que no me gustase. 
No sé si se puede decir que superé mis miedos, porque en realidad acabé leyendo Cooltureta en un momento en que estaba demasiado sobrepasada por cosas de clase y necesitaba una distracción: una lectura entretenida, poco exigente, y que no tuviese nada que ver con mi trabajo de fin de máster. Recordaba que siempre me río con las viñetas de Moderna de Pueblo así que Cooltureta parecía la opción más obvia.
Lo más curioso es que en realidad apenas recordaba Soy de pueblo. Volví a echarle un ojo hace bien poco, para preparar este post con un poco de sentido, y me pareció un trabajo mucho más "estático", por así decir: no deja de ser un conjunto de instantáneas, sin trama, sin progresión, sin dirección. No lo digo como algo malo: no creo que Soy de pueblo tuviese otro objetivo. Cooltureta, sin embargo, sí intenta contar una historia, y eso me lleva a aquel miedo que os comentaba al comienzo del post: el protagonista de Cooltureta suda el mismo viaje. Perdonadme, porque con esto ya os estropeo el descubrimiento, pero no soy capaz de esquivar el asunto: me encantó ver un relato en Cooltureta y, sobre todo, me gustó verlo manejado con tanta sinceridad. 
Si vuelvo tanto sobre Soy de pueblo, aunque las comparaciones siempre son odiosas, es porque creo que es de valorar que una autora se atreva a ampliar sus horizontes y probar cosas distintas porque eso significa que siempre podrá ofrecer algo sorprendente. Hoy por hoy, quedan algunos puntos por rematar pero la progresión está ahí, y eso me encanta.