viernes, 17 de julio de 2015

Tomorrowland

Me acuerdo de la biblioteca de mi antiguo colegio. Allí había una especie de pancarta encima de las estanterías, creo, que decía: "No hay libro tan malo que no contenga algo bueno". Como suele pasar, entonces no le di tanta importancia, pero lo cierto es que esa máxima ha ido calando a lo largo de los años y siempre acabo recuperándola. Intenté tenerla muy presente cuando vi Tomorrowland
El tráiler de esta película era estupendo. Bueno, no sé si era exactamente un tráiler: era la escena en la que la protagonista toca por primera vez el pin que se puede ver en el póster. Sólo este fragmento, tan fuera de contexto, me cautivó totalmente. Quería saber más. Y vaya si supe más. Ahí empezaron mis problemas. 
Tomorrowland es una película muy dispuesta a ofrecer toda la información que pueda hacer falta después de escenas más o menos enigmáticas, como la que antes mencionaba. Lo que pasa es que a veces acaba cayendo en el exceso. 
Resulta curioso que todos los datos que se aportan a cada momento no explican toda la película: aún quedan algunas lagunas cuando se llega al final. O yo me perdí cosas mientras la comentaba con mi amiga; es otra posibilidad. 
En fin, volviendo a lo que nos ocupa: Tomorrowland es una película en la que se habla mucho. Muchísimo. Pero, como suele decirse, las palabras se las lleva el viento. Los protagonistas de esta película aparecen siempre muy preocupados por corregir los errores del presente para salvar el futuro. Claro, Tomorrowland se acaba metiendo en estas paradojas espacio-temporales (más parecidas a un trabalenguas, por otra parte). Lo curioso es que la solución final no incluye ningún cambio significativo: se mantiene el mismo patrón; sólo cambia la retórica. Y ya. Da la sensación de que el planteamiento y la explicación de estos dilemas ocuparon tantísimo tiempo que obligaron a precipitar el desenlace y, en consecuencia, muchos cabos quedaron sueltos. 
Con todo, tengo que reconocer (aunque me avergüenza un poco) que dejé de prestar atención en algunos momentos. A lo mejor me perdí información clave y las lagunas que señalo son sólo mías. Pero ahora mismo no tengo fuerzas para volver a ver Tomorrowland. Sí, es una película muy lograda en lo técnico, y el concepto se intuye interesante. Aunque todo eso está muy bien, no suple la interrupción que suponen esos larguísimos parlamentos que, al final, no aportan tanto. 

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