martes, 29 de octubre de 2013

Desayuno con diamantes


Una película se convierte en clásico cuando es capaz de sobrevivir a su propio momento. No son pocas las veces que es un protagonista carismático el que abre este camino, como ocurre en Desayuno con diamantes, seguramente una de las cintas más homenajeadas de la historia. 
Audrey Hepburn interpreta, dulce e impecablemente, a una pobre infeliz con muchos o ningún nombre, según se mire, capaz de llenar una escena por sí sola y de cautivar al espectador en un tiempo record. La acompaña un excelentísimo George Peppard que, aunque personaje secundario, no se queda atrás en ningún momento. Además, será él quien guíe la visión fascinada de la protagonista. 
En ese sentido Desayuno con diamantes es muy curiosa porque, aunque parece presentar al personaje tal cual es, alterna la perspectiva interna con la externa de forma que se le va revelando muy poco a poco, casi como si ella misma marcase el ritmo.
Probablemente esa sea la mejor parte de la película y la que la haya distinguido de otras tantas: porque retrata a un personaje sólido como pocos, muchas veces más que su propia historia, todo hay que decirlo. Por lo menos yo, terminada la película, a la que recuerdo es a Holly Golightly. 

Puesto #70 de las 200 de Cinemanía.

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