lunes, 21 de septiembre de 2015

Hannibal (T2)


La primera temporada de Hannibal es un círculo perfecto. Aunque los indicios nos podían ir guiando en la dirección correcta, no había manera de predecir el giro maestro que remata la temporada. Pero lo que realmente me tiene en shock es que el final de esta segunda temporada aún remite a los inicios de la serie. Nunca había visto nada igual. 
En esta temporada la evolución de los personajes se convierte en piedra angular de la trama. Ahora bien, no se trata de una evolución al uso. No sabría muy bien cómo explicarlo; es un tema que aún no se ha resuelto en lo que llevo de tercera temporada. Todo empezó con la exhaustiva descripción de los caracteres de Will Graham y Hannibal Lecter. Ya en los inicios de la serie, se intuía que no era tanto lo que separaba a estos dos personajes. Funcionan, más bien, como las dos caras de la misma moneda. 
Llevo algún tiempo reflexionando sobre ello, aunque repito que aún me parece muy pronto para concluir algo. De momento, lo único que puedo decir es que nunca habría podido imaginar una forma más brillante de enlazar la comprensión clínica de Hannibal con la empatía visceral de Will. ¿Cómo es posible que ambos caminos llevasen a un punto de encuentro como aquel?  
Sé que este post no vale gran cosa como comentario, pero no creo que pueda hacerlo mucho mejor. Con Hannibal las palabras no bastan: hay que ver. También es recomendable encontrar a alguien con quien comentar esta serie o, como yo, os encontraréis boqueando como pez fuera del agua intentando asimilar lo que habéis visto. 

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