domingo, 18 de octubre de 2015

Los juegos del hambre. Sinsajo I


Justo cuando iba a ver Sinsajo I, una amiga me dijo que esta era, para ella, la película más floja de las tres. Si no recuerdo mal, uno de sus mayores problemas era que suponía un giro demasiado brusco. Puede que yo partiese con ventaja en ese aspecto porque ya había leído cómo cambiaba la situación. Mi amiga, en cambio, se dio de bruces con una situación completamente nueva. 
De todas formas, este tipo de transiciones siempre son complicadas para todos porque suponen retroceder hasta la escasa tensión de las planteamientos iniciales en un momento en que tanto los personajes como los lectores (o espectadores, eso es lo de menos) sienten sobre ellos la espada de Damocles. En ese sentido, entiendo perfectamente la incomodidad de mi amiga. 
Así llegamos a un problema que de momento no he podido comentarle. Este sería un buen momento para que quien no haya leído Sinsajo o no haya visto esta película cierre esta ventana. 
Desde el principio intenté ser consciente de que los cambios son necesarios. A veces, como dije a propósito de Los juegos del hambre, algunas pequeñas modificaciones pueden aportar detalles estupendos e inesperados; un auténtico regalo, oye. Pero este es un terreno peligroso: en una situación como la que se presenta en Sinsajo, una pincelada dada a medias puede acabar tergiversando toda la verdad. Me refiero, por no marear más la perdiz, al retrato del Distrito 13 y de Coin, su líder. 
Llevo todo el párrafo dándole vueltas a la cuestión más importante: ¿qué es lo que me incomoda de esa imagen? Sé que no era lo que yo me esperaba: había imaginado el Distrito 13 como una sociedad más militarizada, más fría y más rígida. En Sinsajo I, en cambio, la sensación que predomina es la de una resistencia noble y justa. Como si los bandos opuestos estuviesen muy claros. Creo que esto me choca porque lo que más me gustó de Sinsajo fue precisamente que esa frontera ya no tenía sentido. 
Ahora bien, supongo que debería tener en cuenta que Sinsajo se ha dividido en dos películas distintas. Es posible que todo esto sirva para que el final sea más espectacular... Mejor dejo esta cuestión en pausa, entonces. Ya veremos qué ocurre en Sinsajo II
Lo que sí puedo decir, incluso ahora, es que no me convence el final de esta película. Esta es una buena muestra de lo que ocurre cuando las conclusiones se dividen en dos: la primera mitad necesita un nuevo schock. Es cierto que en Sinsajo ya ocurría algo de ese calibre antes de llegar al gran final pero la gracia estaba, precisamente, en que todo ocurría al margen de Katniss. En la novela se echaba en falta algo más, no diré que no, pero era incluso refrescante que Katniss no fuese por una vez la heroína absoluta: que incluso ella necesitase descansar es uno de los detalles más humanos de la novela. Es una pena que se haya perdido en la película.  

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