domingo, 11 de junio de 2017

Las chicas Gilmore (T3)


Sí, es la imagen más tópica que podría escoger, no tengo excusa. La tercera temporada de Las chicas Gilmore tiene sensación de cierre, y no hay nada que pueda hacer para obviarlo.
Sin embargo, bien parece que la serie misma se resiste a asimilar el cambio: fijaos de qué manera se prolonga la tradicional cena de los viernes en casa de los Gilmore. Supongo que la intención era establecer una especie de paralelismo entre Lorelai y Rory, o quizás hacer que la hija recogiese el testigo (por no decir la deuda) de su madre. A mí no me termina de convencer, si os digo la verdad, no tanto por el detalle en sí sino por la manera tan desesperada y casi chapucera con que se aferra al pasado: después de todo este tiempo estaba tan claro que Rory disfrutaba esas cenas que convertirlas en un nuevo pago resulta gratuito.
Pero me estoy dejando llevar por mis neurosis; en realidad lo que más me resquemó de esta temporada fue la relación entre Rory y Jess. Tengo una relación de amor-odio con el personaje de Jess: su historia me parece tremendamente interesante, un (agradecido) paso más allá del típico "chico malo"; y los momentos más entrañables con Luke surgen con tanta naturalidad que resulta imposible no tenerlos en cuenta. El problema es que la mayor parte del tiempo Jess se comporta como el "chico malo" de manual, y eso me crispa bastante. Menos mal que Rory no se deja llevar por gilipolleces. 
Estoy avanzando muy tranquilamente por esta serie para no ser yo una forofa de los dramas y romances. 

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