viernes, 30 de diciembre de 2016

Rogue One

Da igual que el año pasado fuese un poco complicado: Star Wars es visita obligada. Y punto. 
El caso de Rogue One es muy curioso porque, realmente, no podía llegar a sorprender: todos sabíamos de sobra cómo iba a terminar la historia. Encima el final de Rogue One se corresponde casi al milímetro con el inicio de Una nueva esperanza. Creo que nunca había visto una película moverse en un margen tan estrecho y encima salir airosa. 
Pero vayamos por partes. Reconozco que fui al cine con miedo de encontrarme uno de esos ejercicios de autoplagio tan frecuentes cuando se trata de precuelas. Rogue One está muy lejos de eso, por suerte; sus comienzos son complicados en un sentido completamente distinto. Para mí lo más problemático fue la presentación de los primeros personajes. Los vi demasiado encasillados en esquemas ajenos: la heroína difícil pero más noble que todos, el mártir, el rebelde de moral dudosa, el droide cómico... Había algo frío en todo aquello. 
Sin embargo, parece que todo era una cuestión de paciencia: muy pronto esas introducciones dejan paso a pequeñísimos gestos que, casi imperceptiblemente, convierten a esos mismos personajes en personas de carne y hueso. A partir de ese momento fue imposible no involucrarse en la historia. Ahí está, diría yo, el mayor acierto de Rogue One. No sé cuánto dura la batalla final de la película pero sí recuerdo con perfecta claridad lo dolorosísimo que fue ir asumiendo, poco a poco, casi con cada disparo, que ese final era inevitable. 
No tengo claro si esta historia estaba pensada desde el principio o no. La verdad es que me importa poco. De una forma u otra, como precuela Rogue One es impecable: da una explicación coherente a los detalles que siempre fueron raros, y hasta aporta un matiz distinto a Una nueva esperanza. Con todo, lo que más agradezco es que pueda funcionar como historia independiente: nunca se pierde de vista el origen ni el destino de Rogue One pero ello no supone que deje de tener su propia personalidad.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Inferno

Esa máxima mía de "Hay que ver de todo" me pone a veces en situaciones muy extrañas. 
A ver, partamos de la base de que Robert Langdon no es ningún desconocido en mi casa: mi madre leyó en su día El código Da Vinci y Ángeles y demonios, y vimos juntas las películas unas cuantas veces. Si no hay post de ellas, ya que lo estamos comentando, es porque nunca fui capaz de verlas completamente centrada. Creo que lo único que consiguió atraparme de todas estas películas fue la reunión en casa del personaje de Ian McKellen en El código Da Vinci. De hecho, siempre que pillo la película la dejo hasta que pasa esa parte. 
Inferno, me temo, sigue el mismo camino que sus antecesoras. A estas alturas ya soy del todo consciente de que es una mera cuestión de gusto: estas películas de rompecabezas y misterios me parecen muy entretenidas pero, como me ocurrió con El código Da Vinci y Ángeles y demonios, las termino igual que empiezo. 
No dejaré de reconocer que el planteamiento de Inferno es muy interesante, que el ritmo es bueno, que la historia consigue crear una tensión insoportable hasta el último segundo... Técnicamente está todo bien en Inferno. Como os digo, la cuestión es que este tipo de películas no me llenan. Las historias que a mí me gustan son las que se vuelven hacia lo personal, hacia lo diminuto. Que una sola persona tenga tanto poder en sus manos como para cambiar el mundo ya me aburre un poco, si os soy sincera.
¿Que si me gustó Inferno? Bueno, sí. Inferno es todo lo que le pido a una película de este tipo. Nunca diría que las dos horas que dura fueron una pérdida de tiempo; es sólo que para encantarme le faltaba algo que ya sabía de antemano que no iba a encontrar.

Captain Fantastic


Cuando le hablé por primera vez de Captain Fantastic, una amiga mía me contestó, de alguna manera indignada, que eso era un reality que ella misma llevaba tiempo viendo. En ese sentido mi amiga tiene toda la razón del mundo: eso de la familia que vive en plena naturaleza, lejos de la civilización convencional, no es nada nuevo, ni mucho menos. Sin embargo, muy pronto queda claro que ese no es el gancho de Captain Fantastic. 
El obligado abandono del hogar pone a los protagonistas en contacto con realidades que nunca antes habían conocido y así, ante nuestros ojos, la idea utópica que abre Captain Fantastic empieza a hacer aguas. Pero, ojo, la intención de esta película no es desacreditar a nadie, entre otras cosas porque ninguna doctrina se libra aquí del naufragio. Ni siquiera creo que intente plantear cuál sería el mal menor entre todas las posibilidades. Me parece que el enfoque nunca debería ser ese: en Captain Fantastic prima el retrato más personal, la cara más humana de las intenciones que, de tan buenas. sólo pueden acabar torciéndose. 
Todo esto, que suena tan lejano y tan poco tangible, funciona gracias al genial grupo de personajes de esta película, desde los protagonistas hasta los ausentes. Es imposible no implicarse. Gracias a esto Captain Fantastic puede verse como uno de esos grandes road trips en los que la anécdota pasa a un segundo plano porque, en el fondo, la historia podría ser la de todos. El auténtico viaje no es el paisaje que cambia al otro lado de la ventanilla. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Doctor Strange

Como ya comenté en otras ocasiones, en realidad no sé nada sobre super héroes. Desde que empecé a ver este tipo de películas tuve claro que nunca podría ponerme al día con los cómics (no sabría ni por dónde empezar) así que me conformé felizmente con las adaptaciones. Claro, ahora me sacas de los Vengadores y un poco de X-Men y ya no sé qué hacer. 
Ahora bien, el tramo resbaladizo de la cuestión empieza en el momento en que, independientemente de mis lagunas, Doctor Strange es igual que cualquier película sobre el nacimiento del héroe, punto por punto: es un profesional de éxito de moral ambigua y gesto carismático que pasa por una experiencia traumática y, en el fondo de la desesperación, topa con una solución que hasta entonces había despreciado. Dominar sus nuevas habilidades no le lleva más que un par de meses, por supuesto, porque su talento natural no conoce límites. Al final hace cosas de "elegido-portento-heroico" y todos contentos. Y ya.
La base de Doctor Strange me resulta un poco cargante porque, a juzgar por sus personajes, podría haber hecho algo distinto y propio. Después de desarrollar una personalidad tan característica, incluso en un protagonista de rasgos tan sobrexplotados, es una pena que el mayor reclamo de la película sea su estética. 
Esa es otra. Desde un punto de vista estrictamente técnico, Doctor Strange es un ejercicio incuestionable. Lo que no me convence es ese empeño por plantearlo todo como algo extraordinario y ajeno. Se introducen tantas explicaciones que la acción sólo avanza a trompicones, y encima al terminar la película aún quedan preguntas sin respuesta e incluso algunos detalles que parecen contradecirse.
El desenlace de la película me pareció más interesante. A nadie le podría haber sorprendido que el héroe saliese victorioso; lo que me gustó fue ver en su hazaña una manera muy propia de actuar. Ahí sí da la sensación de ser un retrato acabado. 
Por todo esto, me temo que para mí Doctor Strange funciona como mera presentación, apenas una precuela. Tengo ganas de ver cómo evoluciona pero, hoy por hoy, las novedades que ofrece me parecen escasas: he vista tantas veces esta historia que una cara nueva ya no me basta.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Amar algo a veces es odiarlo también.
Mi "relación" con Animales fantásticos y dónde encontrarlos fue complicada desde el principio. Como cualquier potterhead, había leído este libro en aquellos tiempos en que ni siquiera había terminado de publicarse la saga. Entre libro y libro, teníamos que ir abriendo boca con estas obritas. A Animales fantásticos y dónde encontrarlos no le falta encanto, sobre todo gracias a las notas "manuscritas" de los personajes de siempre, pero no dejemos de tener en cuenta que no es una novela: es un manual escolar, y su naturaleza estuvo clara desde el principio. 
Imaginad oír de pronto que de ahí van a salir, no una, sino cinco películas. Recuerdo la indignación primera, cuando sólo podía pensar en Newt Scamander recorriendo el mundo en busca de criaturas fantásticas, como una suerte de entrenador pokemon. Estoy mayor para estos sustos. 
Por suerte, hasta las franquicias más rentables dan de vez en cuando algunas sorpresas más que agradables. Los últimos tráilers de Animales fantásticos y dónde encontrarlos hablaban por fin de una auténtica trama más allá del manual que ya conocíamos. Ahí me empecé a relajar. Entonces oí la que para mí sigue siendo palabra clave de esta nueva saga: "Grindelwald". Este personaje quedó reducido a cameo en las películas de Harry Potter y, si bien en los libros está bastante claro quién es este mago, ni siquiera ahí terminaba de contarse su historia más allá de algunas referencias, unas más elaboradas que otras. No sabéis las ganas que tenía de ver por fin algo así. Ahí me uní a la euforia generalizada.
Animales fantásticos y dónde encontrarlos aún no profundiza en la historia de Grindelwald pero, de momento, la promesa basta y sobra. Me quedo con que esta nueva entrega cae muy lejos del autoplagio: sin prescindir de las familiares reminiscencias a la saga original, esta película es capaz de aportar una personalidad propia. 
Aunque la persecución de criaturas que me temía sí aparece en esta película, es más que capaz de conducir al meollo de la cuestión: se convierte en la excusa perfecta para introducir ambientes diferentes y nuevos personajes. La variedad asegura el dinamismo que una historia así, tan peligrosamente cerca de lo lineal, podría necesitar. Sin quitarle mérito al encanto personal de este Newt Scamander, creo que esta frescura la logra, en buena medida, el personaje de Jacob Kowalski. Es él, como outsider necesario en estos casos, quien siente todo nuestro asombro. 
Ahora bien, tengo que reconocer que el desenlace de Animales fantásticos es algo escaso. Si a lo largo de toda la película se había hecho un gran hincapié en lo estrictamente personal, en la resolución del conflicto parece imponerse el sentimiento de espectáculo. Me faltó que los personajes experimentasen el mismo choque emocional que nosotros como espectadores. A mí aún me puede la pena pero en pantalla apenas vi reacción.
Con todo, en general estoy muy satisfecha con Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Estoy dispuesta a creer que de aquí pueden salir otras cuatro películas estupendas. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

La llegada

He tenido que reescribir este post las veces suficientes como para darme cuenta, por fin, de que cualquier gesto mudo sería más elocuente así que, a modo de resumen: La llegada se ha convertido en una de mis películas favoritas, no del año, sino en general. No exagero si os digo que sigo tan en shock como cuando salía del cine. Desde luego, esta no es una película que se acabe en los créditos.
Estuve mucho tiempo esperando La llegada; desde su primer tráiler, creo. Me bastó la combinación "alienígenas" y "lingüística" para marcar el estreno en el calendario. Sin embargo, siempre pensé que se iba a mover en torno a los enfoques clásicos del género. Quizá fue una suerte caer en la tentación de ver algunas reseñas antes de ir al cine porque así, al menos, sabía de antemano que iba a encontrar algo completamente distinto. 
Aquí es donde me quedo sin palabras. Sólo puedo animaros a que vayáis al cine ahora que sigue en cartelera porque no os podéis perder La llegada. Algunas películas hay que experimentarlas así, en completa inmersión. 
Esta historia es mucho más personal de lo que creo que estoy dando a entender. Cuando hablo de "inmersión" no pretendo que os imaginéis explosiones y trepidantes secuencias de acción. Alguna hay, claro, pero ocupan un segundo plano: lo importante en La llegada es el desarrollo del lenguaje como idea, como frontera que se borra con la mano. 
Me estoy mordiendo mucho la lengua porque no querría, bajo ningún concepto, estropearos el gusto del descubrimiento. Sólo me atrevo a decir que aún siento mariposas en el estómago cuando recuerdo de qué forma tan vertiginosa se solapan realidad y lenguaje en La llegada. Ni siquiera el tiempo sobrevive al impacto.
Escribo esto con el mismo temblor que sentí cuando se encendieron las luces en la sala y con los ojos tan abiertos como todas las veces que hablé de La llegada. De un momento a otro se me podría salir el corazón del pecho. Para que os hagáis una idea.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Touch, de Claire North

Después de The First Fifteen Lives of Harry August, ¿cómo no iba a seguir leyendo a Claire North? Imaginadme suspirando amorosamente. 
Ahora bien, tengo que reconocer desde un principio que Touch no me gustó tanto como The First Fifteen Lives of Harry August. No por nada, como suele decirse, sino porque sigue la misma pauta que aquella primera novela: la voz de Touch es tan parecida que la frescura del primer contacto se pierde. Eso no significa, sin embargo, que Touch deje de tener su propio interés. 
Claire North vuelve a sustentar la novela sobre el rasgo más peculiar de su protagonista, en este caso, que se trata de una entidad sin cuerpo. Igual que en The First Fifteen Lives of Harry August, la idea no es exactamente nueva pero Claire North la lleva hasta el último extremo, con el riguroso método que la caracteriza. Aunque es la segunda vez que veo cómo lo hace, sigue sorprendiéndome lo bien pensado que está todo, lo lógico que puede resultar sin dejar de ser "ciencia ficción". Sólo un detalle para intentar explicarlo: el protagonista de la historia no es el único de su especie, ni mucho menos, así que hay ocasión de ver relaciones entre este tipo de criaturas, así como el delicado sistema inmobiliario que acaban creando. No voy a negar que es escalofriante a ratos pero está tan bien diseñado...
Lo único que no me terminó de convencer de Touch fue su villano, precisamente porque es sólo eso: un villano. Aunque las comparaciones son odiosas, tengo que remitirme una vez más a The First Fifteen Lives of Harry August: el antagonista de entonces tenía unos motivos claros y firmes para hacer lo que hacía así que se podía llegar a empatizar con él. Ese sí es un conflicto jugoso. En Touch, sin embargo, se intuye algún tipo de trastorno mental y ya: como el foco de atención nunca se acerca a la psicología de este personaje, sus acciones parecen gratuitas. En algún punto sus impulsos más primarios tocan con los del protagonista y se forma una especie de espejo entre ambos pero, con todo, creo que habría sido necesaria una vueltina más.

Parece que Touch aún no se ha traducido al castellano. Supongo que Las primeras quince vidas de Harry August estará teniendo una acogida lo bastante interesante como para que sigan traduciendo a Claire North pero esto no son más que especulaciones, no me hagáis ningún caso. Si me entero de algo os aviso.