lunes, 19 de mayo de 2014

¡Ay, Carmela!

Una vez oí decir que en el cine español sólo había sitio para tetas y la Guerra Civil. Yo creo que poco a poco la situación ha ido evolucionando, pero eso es cuestión de cada uno. Además, no es eso de lo que vamos a hablar hoy. 
Yo no he visto muchas películas de la Guerra Civil. De hecho, son muy pocas las que puedo recordar, ahora que lo pienso. De todas formas, ¡Ay, Carmela! no se parece a ninguna.
Sí me recuerda un poco a Ser o no ser, no sé exactamente por qué. Creo que por la importancia del teatro en los dos casos, aunque en ¡Ay, Carmela! está más limitado y un pelín peor tratado, más que nada por un tema de proporciones. A mí me parece que la representación se extiende demasiado, se llega a hacer larga, pero comprendo que podía ser algo necesario para construir el impactante final de esta película. 
Es que esos últimos minutos se me han quedado grabados. Recuerdo que lo comenté cuando aún lo tenía reciente y no tuve más remedio que admitir que se veía venir, pero yo no me lo quería creer. ¡Ay, Carmela! no podría haber terminado de otra manera, aunque me pese decirlo y me pesase pensarlo entonces. 

jueves, 15 de mayo de 2014

Tormenta de espadas, de George R. R. Martin

Estoy en shock. No sólo por haber adelantado por fin a la serie en algunas tramas, que es más de lo que esperaba a estas alturas. Es que Tormenta de espadas es espectacular. 
Lo malo es que ahora llevo un poco peor los cambios que se han hecho al adaptarla. No sé si lo recordaréis, pero este dilema ya empezaba a rondarme cuando leí Juego de tronos y fue a peor con Choque de reyes. Pero bueno, haré lo posible por reponerme. Además, este ya no es un tema nuevo, no merece la pena seguir mareando la perdiz.
Entrando en materia, me ha encantado leer algo sin saber qué iba a pasar por primera vez desde hace casi un año. Cosas como la Boda Roja han sido igualmente traumáticas, claro, pero nada comparado con sentirse totalmente perdido. De verdad, hubo momentos en los que me sentí completamente desorientada. No tenía ni idea de qué estaba pasando, ni por qué, ni de dónde salía toda esa gente. No me refiero a lo típico de que se te olvida un nombre o de que mezclas tramas: es que en estos libros sólo ves lo que el protagonista del capítulo ve, de forma que compartes sus lagunas. En eso Martin es un auténtico maestro, sobre todo porque al final consigue que toda la información cuadre perfectamente para el lector. Pero en ningún momento olvida que la desinformación puede ser igualmente importante; eso es lo genial del asunto.
Ahora, si no os importa, me voy a compartir traumas y teorías. Lo necesito.

Dime con cuántos

Las sobremesas de los domingos siempre son duras para todos, especialmente en época de exámenes. El sofá se vuelve de pronto tan cómodo, tan acogedor, que no te queda otra que fundirte con él. Claro, en esas condiciones acabas viendo lo que te echen, aunque normalmente no te pararías ni dos segundos. No es falta de criterio: es un fenómeno médico o lo será algún día.
Pero no siempre sale mal, afortunadamente. A veces das con películas que por lo menos son entretenidas y consiguen superar su propuesta, aunque moderadamente. 
Como os habréis imaginado ya, este es el caso de Dime con cuántos. Es la típica comedia romántica (en serio, la tipiquísima comedia romántica) pero con un puntín interesante, lo justo para dejarse ver. 
Partimos de la base de que en general el concepto de estas películas a mí personalmente me parece ofensivo. Y es que muchas veces las protagonistas de estas películas acaban siendo poco más que, no sé, dietas andantes que acaban dejando a un lado su propia personalidad para perseguir un marido. 
¿Y dónde colocamos a Dime con cuántos, entonces? Pues mirad, por lo menos la chica tiene buen comer. Lo que la motiva a mí me parece una estupidez pero a ella se le pasa porque, por una vez, a la protagonista de una comedia romántica se la desarrolla lo suficiente como para cogerle hasta cariño. Puede sonar absurdo, pero el hecho de que esta chica no sea tan típica ni tan típicamente desastrosa para mí supone bastante. 
Y por eso vi Dime con cuántos entera, aguantando anuncios y todo. Ya sabía lo que iba a pasar, ya sabía cómo iba a pasar y por qué, pero este personaje tenía suficiente encanto como para dejar eso a un lado. Por supuesto que esta no es la mejor película que he visto en mucho tiempo, pero sí una de las pocas comedias románticas de domingo por la tarde que veo hasta el final. Y hasta me reí. A veces pasé un poco de vergüenza ajena, pero sobre todo me reí. Fue una buena tarde de domingo. 

jueves, 10 de abril de 2014

Cómo conocí a vuestra madre. Temporada final


Pues no, no era ninguna broma. Realmente es así como termina Cómo conocí a vuestra madre. Haré un esfuerzo por evitar posibles spoilers, aunque sólo sea por no echar para atrás a los que no la siguen o la dejaron de ver en algún momento. Respiremos hondo y a ello.
No sé si lo recordaréis, pero fue precisamente Cómo conocí a vuestra madre la que inauguró la sección de series de este blog. Por entonces era mi serie favorita así que fue un momento bastante especial para mí. Luego nos hicimos todos mayores. 
No todas las series evolucionan igual de bien. Algunas empiezan con un grupo de personajes muy reducido y, tal vez por un excesivo miedo al prematuro desgaste, van incorporando más y más secundarios hasta que ya no sabes quién es quién. Otras conservan siempre su fórmula y su sello aunque introducen de vez en cuando pequeñas novedades, puntuales pero jugosas, para mantener el interés. Y luego están esas que acaban pareciendo más preocupadas por los números que por su integridad, que venden lo que las hizo especiales y desaparecen. Os podéis imaginar a cuál me refiero. 
Es muy curioso ver cómo se desarrolla este proceso. Se parece mucho a esas fases de la aceptación o algo por el estilo, no estoy segura. Sólo sé que, por lo menos en mi caso, empezó por la negación. Veía cada capítulo, sobre todo en esta novena temporada, pensando "Bueno, me estoy riendo". Era cierto la mayor parte de los casos. Sin embargo, por muy fan que uno sea, llega un punto en que no puede mantener los ojos cerrados a la realidad y tiene que asumir que lo que está viendo no tiene sentido. Creedme cuando os digo que, después de tantos años, es casi devastador. 
Los que hayáis seguido Cómo conocí a vuestra madre hasta el final notaríais en su momento su desigual desarrollo. Hasta el espectador que no quiere verlo acaba dándose cuenta de cuándo una serie avanza hacia un final precipitado y cuándo está simplemente haciendo tiempo. Y sinceramente, a estas alturas me parece una falta de respeto tremenda hacia nosotros. No estuvimos esperando nueve años para luego acabar así. Mejor respiro hondo otra vez y lo voy dejando ya. 
Pero no puedo marcharme sin comentar lo ofendida que estoy por el trato dado a "la madre". Es difícil quejarme de esta cuestión sin soltar ningún spoiler, la verdad. Baste decir que prometía ser un personaje genial, como lo demostró las pocas ocasiones en las que pudimos verla. Sin embargo, ni su historia estuvo a la altura ni su final le hizo justicia. Creo que en lo que respecta a Tracy (a estas alturas ya se merece un nombre) se han portado peor que mal.
Por suerte, aun en lo peor de lo peor había todavía buenos momentos. Intentaré quedarme con eso, aunque ahora mismo se me hace un poco difícil. 

domingo, 6 de abril de 2014

Noé

A veces tengo la sensación de que no termino de entender el concepto de género. En algún momento pensé que no era importante y dejé de preocuparme por el tema. Me he llevado algunas sorpresas gratísimas, que conste, pero este no es un método infalible. Bueno, ni siquiera es un método.
La primera vez que vi el trailer de Noé no daba un duro por esta película. Creo que un tiempo después una amiga me dijo que la dirigía Darren Aronofsky y empecé a replantearme las cosas. Tengo muy buen recuerdo de Cisne negro (inquietante, pero bueno al fin y al cabo) así que supuse que este hombre sabría darle un enfoque ligeramente distinto al tema. Vaya, que no haría el típico drama bíblico. Ingenua de mí.
Vale, Noé no es tan típica pero no deja de ser un drama bíblico. Mi nula conciencia de género me impidió verlo en su momento. No voy a negar que introduce giros muy interesantes. Para empezar, no impone esa conciencia tan rígida y arcaica del bien y el mal, sino que plantea a un personaje que, llevándolo al extremo, acaba más cerca de la crueldad. Ha sido muy interesante ver eso. Pero como de todas formas el bando de los buenos y el de los malos acaba igual de diferenciado, seguimos en las mismas. Eso sí, es estéticamente impresionante en todo momento, como era de esperar. 

sábado, 5 de abril de 2014

Pushing Daisies (Criando malvas)


No creo que pueda llegar a decir que acabé de ver Pushing Daisies. La cancelaron en la segunda temporada y, aunque parece que hicieron lo posible por darle alguna conclusión, no lo lograron del todo. Es cierto que empecé a verla sabiendo en qué condiciones estaba pero aún así... Es posible que esta espinita se me quede clavada para siempre. 
Es que además no entiendo por qué se canceló. Vale, la segunda temporada no fue en general tan brillante como la primera (sospecho que debido a la amenaza de un final prematuro). Quedaron muchos cabos sueltos y otros mal atados, además de algunos pequeños errores garrafales, por paradójica que resulte la mezcla, pero aún estaba muy lejos de merecer que se cancelase. 
Recuerdo que cuando la empecé a ver me planteaba que quizás la fórmula de Pushing Daisies no podía dar más de sí. Os pongo en situación: Ned es un pastelero que puede resucitar muertos durante exactamente un minuto; si los mantiene más tiempo, una forma de vida equivalente muere en su lugar. Además, no puede volver a tocar al resucitado; de otro modo, moriría de nuevo y esta vez para siempre. 
Ned le saca partido a su don con sus pasteles y, de paso, con una lucrativa asociación con un detective privado, Emerson Cod. Qué fácil todo ¿no? Resucitas al muerto, le preguntas quién le mató y cobras la recompensa. Todo ventajas. Hasta que un día el muerto resulta ser Charlotte Charles, alias Chuck, el gran amor de la infancia de Ned. Os podéis imaginar que Ned no se ve capaz de renunciar a ella a pesar de las consecuencias que conlleva.
Afortunadamente en Pushing Daisies hay subtramas jugosas que animan bastante el asunto, además de los casos que resuelven entre los tres, a cual más estrambótico. Y creo que con esto ya os he contado suficiente. Desde luego, es mucho más de lo que suelo hacer. 
Sin embargo, lo mejor de esta serie no es el argumento en sí, sino la manera de contar las historias. Es esa forma como de cuento, con esos colores tan brillantes, un narrador muy oportuno y una cierta inocencia lo que me atrapó desde el primer momento. Por eso Pushing Daisies, a pesar de todo, siempre tendrá un hueco entre mis series favoritas. 

miércoles, 2 de abril de 2014

El gran hotel Budapest

Wes Anderson tiene ese estilo tan particular que nunca pasa desapercibido. Ni siquiera yo, que tengo poco ojo para estas cosas, dudo en identificar una de sus películas. Me gusta porque esa imagen siempre tiene un sentido: aporta algo de verdad a la historia. 
Esta particular estética es lo que hace que las películas de Wes Anderson se conviertan en cuentos modernos. Al menos para mí tienen ese aire de irrealidad, aunque nunca demasiado como para que dejen de ser creíbles (a su manera, claro). Supongo que por eso, porque en el fondo siempre me encantó que me contasen cuentos, me zambullo con tanto entusiasmo en cualquiera de las películas de este hombre.
No obstante, tengo que reconocer que El gran hotel Budapest no es lo mejor que ha hecho Anderson. El comienzo era más que prometedor: nos iban a contar una historia, una "de las de toda la vida". Es uno de los pocos casos en los que no me quejo de las voces en off; todo lo contrario. La verdad es que me gustan este tipo de cruces entre cine y literatura, sobre todo cuando se hacen así de bien.
Los problemas de El gran hotel Budapest aparecen al final, muy al final, después de ver la película y de haber pensado un poco en lo que se ha visto. No sé hasta qué punto esto es bueno o malo. Realmente tiene mérito poder plantear una historia con alguna que otra laguna y no perder por ello al espectador ¿no? 
El gran hotel Budapest es una película que se disfruta. Siempre entretiene; a veces también sorprende. Sin embargo, no se puede decir que esté tan bien hilada como otras. Creo que Anderson no supo manejar del todo bien la historia, que se metió en demasiadas líneas argumentales y se empeñó en demasiados cameos, y acabó dejando muchos cabos sueltos. Una pena, porque tiene algunos puntos realmente geniales.