domingo, 9 de febrero de 2014

Choque de reyes, de George R. R. Martin

Pues aquí sigo, avanzando con Canción de hielo y fuego mientras sale la cuarta temporada de Juego de Tronos. El objetivo que me había marcado en su momento (leer los cuatro primeros libros antes del estreno de la nueva temporada) es ahora mismo un imposible, aunque no todo son malas noticias. Creo que lo que me ha dado esta falta de tiempo es, sobre todo, una nueva perspectiva o, más exactamente, una visión más clara de mi visión inicial. 
En su momento quise separar la serie de los libros, sabiendo que, por muy buena que sea una adaptación, nunca llega al nivel de sus orígenes. Además, me contaron que con cada temporada, Juego de tronos se convierte en una versión cada vez más libre. 
Yo no voy a entrar ahora en si eso es bueno o malo. Creo que lo mejor que podemos hacer es dejar claro que son cosas completamente distintas, aunque la historia tenga efectivamente un origen común. Y esa es precisamente la cuestión: eran lo mismo en origen pero han tomado rumbos distintos. Por supuesto, cada una tenía que seguir el camino impuesto por su medio.
Aunque después de leer Juego de tronos me pude dar cuenta por fin de que la serie omite y condensa muchos detalles (vale, necesario en la mayoría de los casos), sólo ahora soy consciente de su magnitud. Seguiré diciendo que la serie está bien por su cuenta, pero hay muchísimas cosas que no se cuentan, o que se cuentan de otra manera. Intento ser justa y valorar, como os digo, cada producto por sus propios méritos pero tampoco puedo decir que esté completamente satisfecha con todos los cambios que se han hecho porque algunos personajes han salido muy pero que muy mal parados. Con el cuidado y el detalle con que Martin trata a sus personajes (aunque resulte irónico), eso me parece un poco triste. 

martes, 4 de febrero de 2014

Sherlock


Reconozco que al principio no me interesé lo más mínimo por esta serie, no recuerdo por qué. Y eso que la gente siempre habló muy bien de ella. Supongo que yo, que "tengo el cupo de series cubierto", necesito un bombardeo constante y muy específico para decidirme a empezar una serie nueva. Me estoy refiriendo, cómo no, a tumblr. Y a un par de amigos, pero sobre todo a tumblr. 
El caso es que he visto las tres temporadas en las dos últimas semanas y ahora me toca esperar hasta diciembre (creo) para la cuarta. Es lo que tiene no saber dosificar. Lo que nos interesa en este post es que queda demostrado que con Sherlock no se puede tener paciencia: no vas a poder evitar querer ver más, saber más, y saberlo pronto. 
Yo nunca he sido una gran seguidora de la más conocida obra de Conan Doyle, aunque eso no significa que no conozca algunas de sus historias. Gracias a esa suerte de sabiduría popular he podido comprobar cómo en Sherlock parten de aquellos relatos y los adaptan a nuestro tiempo y nuestra cultura, y el resultado muchas veces es sorprendentemente brillante: ¡funciona! Surgen algunas cosas que no podrían ser más fantásticas y desvariantes (como el capítulo "The Hounds of Baskerville") pero que, en medio del caos, son completamente perfectas. Os podréis imaginar que sigo en las nubes gracias a ese capítulo.
Pero, además de eso, lo que recupera Sherlock son los grandes clásicos detectivescos, esos que de vez en cuando disfruto tantísimo. Porque a mí me encanta tener delante las piezas, justo delante de mis narices, y que se me deje un tiempo para encajarlas por mi cuenta. Al final podré acertar o no, claro, lo importante es el ejercicio en sí: no podría ser más estimulante. 
Y qué decir de su imagen. Por supuesto, no soy una entendida al respecto, pero a veces aparecen detalles tan llamativos que me quedo embobada con ellos. Qué se le va a hacer. 
Lo importante, en cualquier caso, es que Sherlock es una gran serie: magníficamente desarrollada en todos sus sentidos, más que digna de tener en cuenta. Ahora a ver cómo aguanto hasta la próxima temporada. 

jueves, 30 de enero de 2014

Frozen

Tengo la teoría de que cuando una película es más divertida por los comentarios que haces con amigos que por sí misma, la película en cuestión tiene un problema. 
A lo mejor lo que pasa es que definitivamente soy demasiado mayor para Disney. Desde luego ayer me sentí mayor.
De todas formas, como eso ya no lo puedo saber, creo que lo mejor será hablaros de Frozen. La historia es curiosona; no entraré en detalles. Lo que me gustó de esta película es que no repite exactamente los mismos patrones que otras películas anteriores, aunque la "reinvención", si es que se puede llamar así, toca aspectos muy concretos. Me recuerda en ese sentido a Brave, una de las primeras películas que prescindió totalmente de un príncipe para la princesa, si no recuerdo mal. 
Es que estas son películas que llaman la atención por estos pequeños detalles, como que la protagonista no dependa completamente de un hombre, o que la respuesta a todo no sea el "amor verdadero", o que eso de casarse con un desconocido no sea lo normal (¡por fin!). El conjunto, por desgracia, no es tan impactante. 
De todas formas, si tuviese que quedarme con una de estas dos películas sería Brave. La diferencia entre una y otra, tal y como yo lo veo, es sobre todo la progresión. En su momento reproché a Brave que quizás su historia era demasiado simplona, pero por lo menos la sacaba adelante muy airosamente. En Frozen, sin embargo, el ritmo de la acción es demasiado acelerado, tanto que quedan muchas lagunas sin resolver. Vale, es cierto que pasas un buen rato viéndola, pero no puedo dejar de pensar que eso fue gracias a que estaba con más gente. Creo que yo sola no la habría aguantado entera, aunque a lo mejor con cinco años sí, vete tú a saber.

miércoles, 29 de enero de 2014

Arrugas

Esta es seguramente una de las películas más duras que he visto en mi vida. Ojo, eso no significa que sea necesariamente desagradable. De hecho, es también de las más tiernas y sensibles que me he encontrado. 
Os podréis imaginar, si no conocíais ya Arrugas, que trata sobre la edad, por decirlo de un modo suave, del deterioro. Pero también, y eso es lo mejor de la película, de valores tan ajenos al tiempo como la amistad o el amor. Es posible que suene a tópico o a una de esas descripciones que aparecen en la carátula del DVD, pero no podría ser más cierto. No lo estoy adornando: Arrugas no necesita adornos. 
Esa es una de las mejores cualidades de esta película: no recurre a accesorios, sino que recupera la auténtica esencia del tema que quiere tratar y lo enfoca con una mirada abierta y sincera, sin prejuicios ni sentimentalismos innecesarios; lo que veis es lo que hay. 

lunes, 27 de enero de 2014

Un tipo serio

Hace algunos años, disfrutando de mi recién estrenada mayoría de edad, hice un viaje super express a Madrid para ver a uno de mis grupos favoritos (uno de los pocos en activo así que hay que aprovechar ¿no?). Cinco horas en autobús dan para mucho, en concreto para unas tres películas. Un tipo serio fue una de ellas. El problema es que no me habían dado cascos y, si no recuerdo mal, la televisión no tenía color. Así que sólo pude ver algunas imágenes sueltas, pequeñas, sin color, sin sonido. Y a pesar de todo, Un tipo serio se quedó grabada en mi memoria desde ese mismo momento. 
Ayer por fin pude ver esta película en condiciones y, sorprendentemente, aún flotaba en el ambiente un cierto aire de irrealidad, aunque la historia que cuenta no podría ser más "natural", a falta de una palabra mejor. No entraré en detalles, por ser fiel a la costumbre. 
Hay algo en Un tipo serio que la aleja de muchas otras películas que he visto. Es, supongo, la sensación de que hay algo más en alguna parte, no importa qué, ni dónde, entre otras cosas porque no puedo saber si es culpa de la película o de mi alucinado y agotador viaje de aquella vez. Creo que hay un poco de ambos, aunque ya no lo puedo saber. El caso es que Un tipo serio sigue rondándome, en cierto modo. Los hermanos Coen se mueven en esta película alrededor de esa fina línea que separa una realidad de corte naturalista y el más puro esperpento; pero es que los hermanos Coen pueden saltar a la comba con esa línea. 
Ved Un tipo serio. En el sofá o en el autobús, en coche, en la cama, donde queráis. Es una película memorable de todas las formas posibles aunque, todo sea dicho, quizás el final me resultó demasiado abrupto. Y digo "quizás" porque quizás realmente es mejor así. En el fondo no falta información: un final rotundo queda suspendido sobre protagonistas y espectador, sobre todos nosotros, tan normales, tan solemnes, tan serios

domingo, 26 de enero de 2014

O Brother

Imaginaos mi sorpresa cuando al comienzo de la película, en un letrero al estilo de los clásicos del cine mudo, sueltan que O Brother está basada en La Odisea. Lo mejor y más sorprendente de todo es que no podría ser más cierto. 
Como es ya una costumbre, llegué a esta película sin saber nada de ella. Es simplemente que me gustan los hermanos Coen y además me parece que esta en concreto me la habían recomendado. 
El caso es que fue La Odisea (o lo que conozco de ella, que no se aleja mucho de la idea que todo el mundo pueda tener) la que me puso sobre aviso, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, no por ello pude dejar de sorprenderme con O Brother, todo lo contrario: es impresionante cómo esta película reinventa una de las obras clásicas por excelencia. Es simplemente una maravilla sin comparación poder ver la relación entre una y otra. 
Como digo, no he leído La Odisea, pero creo que su esencia se respeta completamente en O Brother. Supongo que en algún post ya habrá quedado claro que este es un tema que me preocupa sobremanera cuando una obra literaria se adapta al cine. En este caso, no sólo por no haber leído la obra en cuestión, no me he detenido tanto en este aspecto porque, tengo que reconocerlo, me pueden las historias atemporales o, mejor dicho, las que demuestran que pueden serlo. Creo que es la mejor forma de demostrar el valor de un relato: que pueda emocionar a más de una generación.  

El lobo de Wall Street

Del director de Infiltrados siempre se esperan grandes cosas. Sin embargo, tengo la sensación de que en El lobo de Wall Street la grandiosidad se ha apoderado, no ya de la pantalla, sino de la película al completo.
En el trailer parece que va a mostrar la verdad desnuda del salvaje Wall Street pero, al final, lo único desnudo es el 90% del reparto de la película. Yo creo que El lobo de Wall Street se pierde en lo anecdótico y espectacular y olvida lo fundamental de la historia: que en bolsa no hay amistades que valgan. 
El resultado final, a mi modo de verlo, es un canto al derroche y la ostentación, el gasto por el gasto, una opulencia desproporcionada y sin límites. La trama más seria, por así decir, el "mensaje" último de la película casi pasa desapercibido entre tanta orgía. 
Con todo, esa es la parte más brillante de toda la película. En estos últimos minutos, Scorsese pone delante de la cámara los elementos básicos de la traición: ya no hace falta que le explique nada al espectador, porque todos sabíamos más o menos qué iba a pasar y cómo atar los cabos. 
El problema, repito, está en las proporciones. No creo que falte información en esta parte final que os digo, sino que sobra en las dos horas y media anteriores. Vale, hubo momentos francamente divertidos, eso es cierto. Pero... qué queréis que os diga, yo me acabé cansando. Creo que la mitad de todo ese metraje simplemente sobraba y que, además, ha conseguido que una historia interesante quede reducida a un relato apenas coherente y, lo que es peor, un retrato completamente superficial.