miércoles, 22 de enero de 2014

3 bodas de más

A ver, no me esperaba el peliculón del año cuando fui a ver 3 bodas de más pero... no sé, algo más, sí.
No es que no valga para nada. No es una pérdida de tiempo, ni mucho menos. Yo procuro valorar siempre que una película sea entretenida y desde luego 3 bodas de más consigue que una hora y media se pase volando. A mí eso ya me parece un gran logro.
Sin embargo, sí tenía la sensación de que iba a ser algo más que divertido, que podía aportar algo más. Mis expectativas en ese sentido no se han visto del todo satisfechas así que ahora, no sé, tengo sentimientos encontrados. 
De todas formas, como os digo, esta es una película que merece la pena ver, aunque no llegue a marcar un antes y un después. No innova en sus formas ni en su planteamiento, pero es una versión muy digna de una historia ya un poco manida,si queréis. Me he reído mucho y eso, a veces, casi es lo más importante.  

martes, 14 de enero de 2014

Bartleby, el escribiente, de Herman Melville

No sé muy bien qué tenía en mente cuando empecé a leer esta novela pero, desde luego, se parecía poco a lo que me acabé encontrando. 
Recuerdo que este libro me lo recomendó una antigua profesora de Lengua cuando estaba en el instituto. Sigo teniendo muy buena opinión de ella así que no me preocupaba lo más mínimo saber de qué iba para querer leer Bartleby, el escribiente. Aunque, todo sea dicho, la sinopsis me habría ayudado poco, por lo que pude ver una vez terminada la lectura. 
De todas formas, la gracia de esta historia está precisamente en que el misterio se abre paso a través de lo cotidiano casi sin que te des cuenta. Como una ráfaga de aire frío, este sobrenatural personaje estará de pronto sobre ti, clavándote esa mirada impertérrita. 
En ese sentido el desarrollo de la trama es simplemente brillante. Sin embargo, sí eché en falta un final... algo distinto. No sé cómo explicarlo sin estropearlo. Quizás ya hablo demasiado si os digo que se me hizo demasiado coherente con todo lo demás, como si en la historia de Bartleby no pudiese haber ningún punto de inflexión. Aunque, bien mirado, a lo mejor esa es la clave de su sentido como personaje.

domingo, 12 de enero de 2014

El Hobbit. La desolación de Smaug


El año pasado, cuando se estrenó Un viaje inesperado, me propuse releer El hobbit antes de ver La desolación de Smaug. Pues, como podréis imaginaros, no lo hice.
A lo mejor por eso tengo esta sensación tan extraña. Veréis, yo casi no me acuerdo del libro (creo que lo leí hace ocho años ya, así con la tontería): no tengo más que pequeñas imágenes en mente y unos pocos fragmentos más o menos claros (entre ellos el encuentro con Smeagol). Así que esta intranquilidad mía se basa sobre todo en lo que he ido leyendo por ahí y en lo que me cuenta gente que está leyendo El hobbit ahora. 
Mi dilema empieza en el momento en que La desolación de Smaug me pareció mucho más entretenida que Un viaje inesperado. Una amiga mía dijo en su momento que se le había hecho pesada porque siempre repetía el mismo patrón: Gandalf se va, hay un problema, vuelve Gandalf, hay un problema, los salvan las águilas [repetir a intervalos regulares durante las próximas dos horas]. Aquello se me quedó grabado porque me negaba a creerlo. Creedme cuando os digo que llevo desde entonces dándole vueltas. 
El caso, como os digo, es que en La desolación de Smaug no ocurre esto, ni mucho menos. La acción es, por así decir, más diversa, sin un modelo tan definido, así que nunca sabes muy bien qué es lo que va a ocurrir; te mantiene en tensión todo el tiempo. 
El problema es: ¿qué precio hemos pagado por tener una película así? ¿Ha tergiversado todo ese supuesto relleno la auténtica esencia de El hobbit? Con un poco de suerte, lo sabré antes de diciembre. 

jueves, 9 de enero de 2014

Toy Story


¿Habéis tenido algún día de esos en los que hay tantas cosas que hacer que acabas echando la siesta de tu vida? Pues yo monto maratones improvisados de Toy Story
Pixar tiene algo especial para mí en general y, como sabemos, todo se magnifica en época de exámenes. Así que me encontré, por primera vez en mucho tiempo, volviendo a ver Toy Story, la primera, la original. Creo que me levanté a por chocolate y palomitas y lo que pillase, miré mi calendario, me deprimí y puse la segunda. Al día siguiente tuve que ver la tercera, claro, porque estas cosas no se pueden dejar a medias. 
Por suerte, a pesar del lamentable estado en el que me encontraba fui capaz de disfrutar de todas y cada una de estas películas, casi como el primer día. Eso es lo mejor que tienen: te permiten volver a ser niño otra vez, aunque siempre que vuelves a ellas lo haces con algo nuevo.
La verdad, no podría decidirme por ninguna de ellas. Sí recuerdo que cuando era más pequeña comentaba que Toy Story 2 me había gustado más que Toy Story; decía que era una de las películas que mejor había madurado. Todavía unos años después, cuando ya no era tan pequeña y se estrenó Toy Story 3, decía que era incluso mejor que la anterior. En serio, ver crecer bien una saga que fue tan importante para ti es uno de los mayores placeres que puede dar el cine. 
Sin embargo, aunque sigo manteniendo que la progresión fue estupenda, ya no tengo tan claro que siguiese este orden, esto de siempre hacia arriba, siempre a mejor. No quiero decir, ni mucho menos, que se estropease o que hubiese perdido lo que la había hecho especial en su momento. Me refiero a que, en el fondo, siempre se mantuvo dignamente y, lo que es más, con un sabor propio: cada película desarrolla su trama particular, de forma que, aunque efectivamente hay relación entre ellas, no se eclipsan ni se solapan unas a otras, sino que colaboran entre sí.
A lo mejor un día le dedico un post a cada una, pero en esta ocasión, por este extraño estado en el que me encuentro, veo más conveniente hacer algo global. La sensación de maratón no descansa. 

Toy Story: Puesto #53 de las 200 de Cinemanía.
Toy Story 3: Puesto #48 de las 200 de Cinemanía.

lunes, 16 de diciembre de 2013

El clan del oso cavernario

Hace ya bastante tiempo, casi en los albores de este blog (así que no me juzguéis), os hablaba de las dos primeras partes de la serie Los Hijos de la Tierra, de Jean M. Auel: El clan del oso cavernario El valle de los caballos.
Baste decir, para ir entrando en materia, que El clan del oso cavernario me gustó mucho; El valle de los caballos, no tanto, así que la emoción por estos libros se fue enfriando. De hecho, ni siquiera leí el tercer libro todavía. El caso es que me enteré el otro día de que habían adaptado la primera al cine y me picó la curiosidad. 
Es cierto que hace más de dos años que leí El clan del oso cavernario pero aún tengo una idea bastante clara de lo que ocurría. Desde luego recuerdo el efecto que me iba produciendo la lectura y la gran emoción del final, cuando no me quería creer lo que leía aunque ahí estaba, impasible, rotundo.
Todo eso se debe en buena medida a su protagonista, Ayla, un personaje que se configura con las novelas, una niña a la que vemos crecer y aprender y superar obstáculos. Un lector puede llegar a conocerla y hasta a cogerle cariño. El problema es: ¿cómo se puede trasladar una relación así al cine? Personalmente, dudo que algo así se pueda lograr. Algunas películas se acercan mucho, no digo que no, pero no creo que consigan reproducir la intensidad de la literatura.
En esta línea se mueve mi gran problema con esta película: la encuentro fría y desapasionada, más preocupada por producir un documental que por contar una historia, que de eso va el asunto. 
A lo mejor uno de sus grandes errores (aunque repito que esta es una valoración completamente subjetiva) es precisamente intentar ser más fieles a la Historia que a la historia, es decir, al relato: los personajes que en la novela se adaptan a un habla que podemos comprender, que se traducen, son alejados del espectador en la película porque su lenguaje, aunque comprensible en lo esencial, nos resulta opaco. Entiendo la intención, de verdad que la entiendo, y hasta la valoro, pero no me gusta. Creo que se ha perdido mucho y no se ha sabido compensar del todo. A lo mejor influye que no me gustan las voces en off, todo hay que reconocerlo. Es que no me gusta que sea alguien ajeno a la historia el que me tenga que ir guiando: para mí una película debe desarrollarse por sí misma, trabajar con sus propios recursos.
Ahora bien, dejando al margen estas cuestiones, que no dejan de ser una pura opinión personal, hay algo que me tiene un poco alerta. Yo juraría que no se daba en la novela la visión legendaria que intentan colar en esta película. Yo diría que Ayla no era la heroína estoica y tempranamente sabia que aparece con los títulos de crédito. Pero claro, cuando te desvinculan de un personaje, es normal que estas cosas ocurran. Por eso muchas veces las "películas de personaje" desmerecen sus orígenes literarios.

viernes, 13 de diciembre de 2013

La vida de los otros

Creo que tenía doce o trece años la primera vez que vi esta película. Por supuesto, entonces no fui capaz de entender todo lo que suponía: qué iba a saber yo sobre el Muro de Berlín o sobre lo que era ser artista o sobre las personas en general. Pero en defensa de mi adolescente yo tengo que decir que, aunque sabía que se me escapaban cosas, ya notaba (más que sabía, todo hay que reconocerlo) que era una buena película.
La semana pasada, como por casualidad, me di de bruces una vez más con La vida de los otros. Por suerte, el tiempo ha hecho su trabajo y esta vez pude meterme de lleno en la película. 
No recuerdo muy bien cómo sería en aquella ocasión, pero en esta me sentí pequeña, más que entonces, de eso estoy segura; pequeña y confusa porque no sabía dónde podía encajar yo en el puzzle que es el mundo ni si realmente puede llegar a encajar a alguien. 
No quiero adelantaros cosas. Sólo me gustaría dejar claro que esta es una película que hay que ver porque, entre otras cosas, es pura humanidad, tanto en lo bueno (que lo hay) como en lo malo (que a veces apodera). No es que tenga un mensaje optimista o pesimista; el asunto no va por ahí. Es que en La vida de los otros esa vida se hace esférica: el mundo va girando, nosotros con él, y todo se descalabra aunque no seamos conscientes o no queramos serlo. ¿Qué sentido tiene, entonces, esa distinción entre "nosotros" y "los otros"? 
Sé que esa no es la única lectura posible de La vida de los otros pero eso es lo bueno de esta película: hay muchas posibilidades para abordarla, tantas que no parece que lleguen a agotarse. Lo que está claro es que ofrece mucho más de lo que muestra.

martes, 10 de diciembre de 2013

Super 8

Cuando no parecía posible recuperar la abrumadora esencia del cine de los ochenta, llegó Super 8 para demostrarnos que estábamos equivocados. Por lo menos yo lo estaba.
Sea como sea, el caso es que esta película te atrapa desde el primer minuto. No es que no sepas qué va a ocurrir (porque, no nos engañemos, no tenía tanto margen para actuar) sino que te mueres por saber cómo. El interés de Super 8 es, por así decir, más inmediato: es el momento en sí lo que cuenta, y no tanto lo que vendrá después. Recuerdo, por ejemplo, haber comentado esta película nada más verla y sólo poder hablar de escenas muy concretas y aisladas del resto.
Y sin embargo, Super 8 funciona como conjunto, y lo hace extraordinariamente bien. No sé cuándo fue la última vez que una película me fascinó hasta este punto y, lo que es más, todavía no sé por qué. Sé que Super 8 está bien hecha, que está bien contada, que saca un partido inmenso a unos recursos que ya estaban allí (que siempre habían estado allí) sin llegar a ser nunca cansina, pero aún queda algo por descifrar.
A lo mejor esa es la cuestión. A lo mejor innovar no hacía tanta falta como pensábamos; puede que sólo nos hiciese falta esta espectacular retrospectiva para volver a valorar los misterios del cine, el gran protagonista de esta película. 

Puesto #136 de las 200 de Cinemanía.