jueves, 14 de junio de 2012

Los cuentos de Roberto Bolaño

Las comparaciones son odiosas, pero que hay motivos más que suficientes para llamar a Bolaño "el Borges pop" es una verdad que está ahí, imposible de ignorar. 
Borges es uno de los autores que dio pie a la renovación de la literatura hispanoamericana en los años cuarenta del pasado siglo XX. Fueron años, en mi opinión, extraordinarios. Precisamente por esto no es de extrañar que cualquier autor que de una u otra forma recuerde a aquellos precursores demuestre una calidad similar.

Puede que en este sentido no sea precisamente objetiva. Es frecuente sentir predilección por unos autores u otros, y en mi caso Borges es uno de mis autores favoritos. Como no podía ser de otra manera, Bolaño se suma con esta colección de cuentos a la lista de escritores que siempre tendrán un hueco en mi estantería.
Borges formaba parte de esa corriente que se suele llamar "fantástica". Se preocupaba por los mecanismos que conformaban la realidad, dudaba de lo que sus ojos veían y no rechazaba la idea de universos paralelos. En Bolaño todavía queda algo de eso, sólo que esta vez por lo que se preocupa el escritor es por el individuo en sí. 
Los cuentos de Bolaño se caracterizan por un profundo análisis psicológico de sus protagonistas, cada uno a su manera, y por una profunda pasión por la literatura. Con relatos como estos, a una le dan ganas de leer más y más, de ampliar los propios horizontes literarios y aprender, simplemente por el placer de saber. Es una de las muchas maravillas que reúne esta colección.
Sin embargo, la profundidad de estas historias deja también espacio a una cierta comicidad. No nos confundamos: uno no lee a Roberto Bolaño para reírse un rato, aunque de vez en cuando lo hace. No sabría explicar de qué manera logra Bolaño crear este efecto, pero lo hace. 

Para terminar, me gustaría recomendar algunos de mis cuentos favoritos:
- "El retorno". Bizarro y surrealista, se burla de la tradición de lo paranormal de una forma sutil y magnífica.
- "El policía de las ratas", una historia clásica de detectives y asesinos en un escenario no tan convencional.
- "El viaje de Álvaro Rousselot", un relato de viajes y anécdotas curiosas que, al parecer, de vez en cuando tienen lugar en el mundo de la literatura. 
- "Fotos" y "Carnet de baile". Inquietantes, cada uno a su manera.
- "El Gusano". No sé explicar exactamente qué me gustó de este cuento. Supongo que lo que me enamoró fue su atmósfera bohemia. En cualquier caso, no creo que llegue a olvidar la estampa del hombre de blanco sentado siempre en el mismo banco.
- "Otro cuento ruso". Aparte de que me encantan los autores rusos, este relato me llamó especialmente la atención porque la biografía de su protagonista se presenta de forma secundaria, por así decir: el narrador cuenta al lector lo que el protagonista le contó a él. Brillantemente ambientado, es muy fácil perderse por las calles que presenta.
- Y (curiosamente) por último, el prólogo, "Consejos sobre el arte de escribir cuentos". Sé que hay por ahí mucha gente que no lee los prólogos, pero éste realmente merece la pena: es página y media que  marca la pauta de todo lo que vendrá luego. Absolutamente brillante; imposible añadir nada más.

martes, 12 de junio de 2012

¿El supervillano nace o se hace?

Sé muy poco sobre supervillanos. De hecho, creo que los "malos" a los que mejor conozco son la Malvada Bruja del Oeste (gracias a Wicked, todo hay que decirlo) y al Doctor Doofenshmirtz. En ambos casos son ellos mismos los que relatan su historia.

Dr. Horrible´s recupera de alguna forma a aquellos clásicos malvados que cuentan su plan al héroe de turno justo antes de partirlo en dos con un potente láser de invención casera. Sólo que en este caso hay música y una web cam de por medio. 
El Dr. Horrible intenta desesperadamente ingresar en la Malvada Liga del Mal (Evil League of Evil en el original), para lo cual prepara su golpe maestro: atracar el banco de la ciudad sirviéndose de un rayo congelante, capaz de detener el tiempo. 
Pero claro, no todo iba a ser tan sencillo. No es sólo que el Dr. Horrible, como todo malvado que se precie, tenga una némesis, el Capitán Hammer; es que además está enamorado. Tan enamorado como para cantar; tan enamorado como para parecer idiota; tan enamorado como para echar por la borda su mejor plan para salvarla a ella. 
Sin embargo, tan heroica hazaña no logra la recompensa esperada: es el Capitán Hammer quien aparece en el último instante, desbaratando su plan y llevándose a la chica de sus sueños. 
A partir de este momento el Dr. Horrible entrará en una lamentable crisis existencial: es malvado (o quiere serlo) pero no del todo. Quiere ingresar en la Liga pero... ¿a qué precio?
El Capitán Hammer contrasta fuertemente con la dualidad del Dr. Horrible: en él no se plantea ningún tipo de conflicto interno. Es el típico héroe: fuerte, invencible, atractivo. Pero no es perfecto. 
Plantear un héroe conflictivo en su intimidad no es algo nuevo, pero sí lo es lograr que el villano caiga mejor que el héroe.  

En Dr. Horrible´s el villano es ahora el protagonista. Quizás por eso acabamos simpatizando más con él.
En cualquier caso, no podemos olvidar el momento en el que surgió esta miniserie: corría el año 2008 y los guionistas de todo Estados Unidos se habían unido en una huelga que tuvo paradas a no pocas series y largometrajes del país. 
Esta tragicomedia fue escrita por Joss Whedon, sus hermanos Zack y Jed y la mujer de éste, Maurissa Tancharoen, para demostrar que era posible crear productos de calidad sin gastar las increíbles sumas de dinero a las que la industria estadounidense está acostumbrada. 
Pues bien: objetivo conseguido. Dr. Horrible´s es una apuesta segura para pasar un rato entretenido pero también, cosa que reconozco me sorprendió, una buena forma de darse cuenta de que es necesario un cambio. Lo era en 2008 y hoy, con la que nos está cayendo, lo es aún más. Eso, o yo estoy tan crispada que ya tengo delirios paranoides. 

Aquí os dejo enlaces a cada parte:
1) http://www.youtube.com/watch?v=TupDHGk2VY0
2) http://www.youtube.com/watch?v=0kL0c8p5E3c&feature=relmfu 
3) http://www.youtube.com/watch?v=caGeAo5wRQQ&feature=relmfu *

Es probable que cuando acabe la tercera parte busquéis desesperadamente una cuarta, así que ya os aviso: no la hay. Es cierto que se está trabajando en una segunda entrega, ya de una forma más "convencional", vamos a decirlo así, pero de momento no hay nada más.

* Si habéis visto los vídeos, os habréis dado cuenta de que traduje algunas cosillas. Intenté ser lo más fiel posible a la versión original aunque no por ello renuncié a alguna que otra licencia creativa. Lo comento porque es probable que, debido a esas licencias y a las controversias que normalmente implican las adaptaciones, alguien no esté de acuerdo con mi elección.

lunes, 4 de junio de 2012

Amélie

Estoy en paz con el mundo. Debe de ser el "efecto Amélie".

¿De qué trata Amélie? Me niego a recurrir a aquello de: "Es una joven introvertida que un buen día...". Aparte de que me molestan este tipo de resúmenes, pienso, basándome en el regusto que me ha dejado, que Amélie es mucho más.
Me ha parecido más alegórica. Creo realmente que en la anécdota de este maravilloso personaje se puede entrever algo más profundo, más etéreo. No le puedo poner nombre ni adjetivo ni color, pero sé que está ahí y que no soy la única que piensa así; no puedo serlo. 
Es verdad que los acontecimientos diarios, (casi) nimios, tienen un peso clave en el desarrollo de los acontecimientos. Pero éstos llevan a algo más. ¿A qué? Supongo que dependerá de cada espectador.
Ésa es la maravilla de Amélie. No hay una sola interpretación ni una única impresión, pero sí un efecto universal.

De estética colorista y toques brillantemente fantásticos, Amélie te transportará a una ciudad en la que un muerto, un fantasma de sólidas intenciones, recorre todos los fotomatones parisinos en busca de alguien que le recuerde; un espacio en el que las respuestas apropiadas pueden salir a voces de una alcantarilla; un mundo de gnomos nómadas.

No puedo irme sin dedicar unos minutos a su banda sonora, simplemente genial, adecuada a cada momento: tan nostálgica como divertida, sin dejar de lado un sutil toque circense al que no me puedo resistir. 


Puesto #46 de las 200 de Cinemanía.

sábado, 2 de junio de 2012

Young Adult

Me siento decepcionada, para ser sincera. Ya os dije en su día que me encanta Jason Reitman. De hecho, un día le dije a una amiga de clase:
Jason Reitman + Diablo Cody = PELICULÓN ASEGURADO
Me duele en lo más profundo del alma reconocer que me equivocaba. Yo tenía una fe ciega en esta colaboración pero Young Adult no ha cumplido con mis expectativas. 
Sí, tenía ese punto ácido que me gusta en las manzanas y en los guiones de Diablo Cody, pero es mucho mucho más plana que sus otras películas. O por lo menos yo no aprecio un cambio significativo en Mavis, la protagonista.
Reitman suele tomar una historia o, mejor, un tipo de personaje, y retratarlo de una manera nueva. No caricaturesca, sólo nueva. Le da carisma, en una palabra. 
En esta ocasión, Reitman y Cody recuperan a la chica popular de ciudad pequeña, la imagen del éxito en un "pueblo de mala muerte", que vuelve después de muchos años y simplemente no encaja. 
Nadie se va del todo. No pretendo ponerme en plan Melinda Gordon; me refiero a que, aunque dejemos la casa familiar, hace falta un lugar al que volver. O al que poder volver, más bien. En el caso de Mavis (y de todas esas chicas de éxito local a las que representa), ese hogar en potencia se esfuma de pronto, casi como si no hubiese existido nunca. Es triste, y esa es la sensación que domina toda la película. 

Lo bueno del cine de Jason Reitman es que puedes acabar conociendo a sus personajes, incluso cogiéndoles cariño. No es el caso de Young Adult: Mavis no resulta accesible. No lo era para sus compañeros de instituto ni lo es para el espectador. A lo mejor ese es el efecto que Reitman y Cody buscaban, no lo sé. Quiero creer que es así, aunque lo hago por motivos sentimentales, lo reconozco. 

Ojo, sí he encontrado algunos detalles salvables: la banda sonora, como siempre, y algunas frases memorables de esas a las que Cody nos tiene acostumbrados. 
Pero no sé, después de verla quedé peor que al empezar. Cosas que pasan ¿no?

jueves, 31 de mayo de 2012

Cómo quedarse hora y media como un tonto

Reconozco que el problema es mío: le tengo especial manía a la gente tan guapa, y no digamos tan rica. A lo mejor por eso no me ha entusiasmado La familia Jones.
Pero vayamos a la cuestión. 
Esta peli sí os la voy a destripar un poco, sólo un poquito; os prometo que lo que os voy a contar no afecta demasiado al desarrollo de la historia.
La familia Jones, tan jodidamente guapa como podéis ver en la foto, se acaba de mudar a un barrio bien, a una casa que se intuye de grandísimas dimensiones, también en la foto. Su vida parece perfecta, y lo es de puertas para afuera, como suele decirse. No hacen falta muchos minutos de metraje para darse cuenta de que ocurre algo extraño: los padres no duermen juntos, la hija lanza miraditas al padre, la hija se mete desnuda en la cama de su padre y le empieza a comer la oreja...
Justo en este momento, cuando te preguntas quién dirige esto (no dónde está el mando, dato a tener en cuenta), aparece la explicación: la familia Jones es una imagen de marketing. Literalmente. Son un grupo de vendedores que adoptan la imagen de una familia para promocionar determinados productos de una forma casi subliminal. Lo llaman "marketing furtivo", me parece.
Vamos, que les pagan una millonada por presumir de las cosillas que les regala su empresa. Parece una tontería, pero les funciona maravillosamente bien: la gente pica, se compra lo que sea, se desespera cuando no lo consigue... La gente es idiota. 

La familia Jones es otra de esas películas que un buen día me encontré en Canal+ y acabé viendo enterita, presa del misterioso efecto que se produce en mí cuando pillo una buena postura en el sofá y una película recién empezada en la televisión. 
Digo misterioso porque hay películas con unos inicios tan tan flojos que dan ganas de dejarlas. Ésta en concreto casi la quito tres veces en los primeros diez minutos; en ese "casi" entra en juego la variable sofá, claro.
Después de esos diez minutos engancha. Es lo que yo llamo "quedarse hora y media como un tonto": la película no te está entusiasmando, nunca habías oído hablar de ella ni es el tipo de cine que sueles ver. Pero ahí estás. 
Creo que ya dije en posts anteriores que entretenerse de esta forma tan "absurda", por decirlo de alguna manera, es incluso bueno. ¿Por qué no? Ahora bien, llegar a estos extremos me ofende. La culpa es mía, lo sé, pero eso no hace que me ofenda menos. 

En resumen, que ya me estoy desviando mucho del tema: bien para pasar un rato, pero nada más. Igual le estás dando vueltas un par de días por la paranoia del marketing furtivo, pero ya está.
Sin embargo, no puedo marcharme sin recomendaros antes que, si os decidís a ver La familia Jones, prestéis mucha atención al personaje de David Duchovny. Diría que es lo único por lo que merecería la pena ver esta película, la única figura que sostiene la presión dramática y al mismo tiempo da pie a la poca comicidad presente. 
Si eso basta o no, os toca decidirlo a vosotros.  

miércoles, 23 de mayo de 2012

Fantástico Mr. Fox

Esta mañana, por causas de las que ahora no me apetece hablar, no tuve acceso a la cocina y, por tanto, al suculento desayuno que mi estómago ansiaba, hasta... hasta tarde, dejémoslo así. Tampoco quiero entrar en detalles.

¿Qué hace uno cuando está recién levantado pero no puede seguir su rutina? Volver a la cama, dirá más de uno. Puede que eso sea lo más normal pero yo soy incapaz de meterme otra vez en la cama cuando ya he hecho el esfuerzo de levantarme. Es como si mi cuerpo me dijese: "No, bonita, no: ahora que me has sacado del calorcito te jodes y te despiertas del todo".
Sin más opciones (mi cerebro aún no había arrancado del todo), encendí la televisión y puse Canal+. Estaban echando Fantástico Sr. Fox. Una película de animación. Ahora, si es para niños... eso yo ya no lo tengo tan claro.
Sí que me transportó a mi propia infancia, eso tengo que reconocerlo. No es sólo que la película misma lo propicie (a pesar de las pegas que le pongo a su clasificación), es que está basada en uno de mis libros favoritos de cuando era pequeña: El superzorro, de Roald Dahl. Lo saqué de la biblioteca como un millón de veces, si no recuerdo mal. No recuerdo qué ocurría exactamente ni cómo, pero sí recuerdo que le tenía muchísimo cariño. Es el efecto Dahl, según tengo entendido.
Por el cariño del que os estoy hablando tenía mis reparos cuando oí que iban a hacer una película basada en esta novela. Desde Eragon, que se estrenó hace ya seis años, soy muy escéptica con esto de las adaptaciones.
Pero éste es un caso diferente. No sé si especial pero desde luego sí diferente: no tenía un recuerdo tan claro del libro, así que la comparación era bien difícil. Además, estaba recién levantada y en ayunas; a lo mejor no estaba en mis plenas facultades mentales.

Vayamos al grano: disfruté con esta película. Me resultó muy entretenida, muy fresca, y su estética me pareció muy interesante. Creo que tengo por casa alguna revista que trata ampliamente este asunto, ya la buscaré, porque es uno de los rasgos más característicos de Fantástico Sr. Fox: no son dibujos animados, ni esa especie de plastilina a la que estamos acostumbrados; es más realista, como hecho con pelo de verdad. A lo mejor fue por el hambre, pero esto me tuvo embobada durante buena parte de la película.
Otra cosa que me sorprendió muy gratamente fue la sutil  capacidad para hacer reír al espectador (incluso uno con la pubertad más que superada). La comicidad reside, además, en pequeños momentos de silencio que se rompen con frases cortas las más de las veces. La verdad es que no me lo esperaba. 
No recordaba las películas para niños así. Pero claro, a lo mejor el Fantástico Sr. Fox no es tan para niños.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Wicked. Memorias de una bruja mala

Supongo que todos aquí conoceremos más o menos la historia del Mago de Oz. Y claro, todos habremos oído hablar de la Malvada Bruja del Oeste.
Iba a intentar disimular un poco, pero he cambiado de idea: voy a ser sincera con vosotros y reconocer que no visto El mago de Oz ni leído El maravilloso mago de Oz, de Lyman Frank Baum (acabo de añadirlo a una lista de libros que tengo pegada en la pared; ya os la enseñaré un día, si eso).
Es probable entonces que penséis que he entendido bien poco de la historia, y a lo mejor no es equivocáis del todo, eso es verdad. 
Sin embargo, esta laguna presenta una ventaja: sorpresa, novedad. Es un auténtico placer (y un lujazo, seguramente) poder asombrarse al descubrir un mundo totalmente nuevo. Esto es lo que más he disfrutado de Wicked: sorprenderme a cada página, tener que esforzarme por amoldarme a unas convenciones que me son ajenas.
Y no sólo eso. Wicked no es simplemente la historia de la Malvada Bruja del Oeste: es el retrato de una transformación o, quizás, transmutación. Si para bien o para mal, eso es cosa de cada uno. Precisamente éste es otro de los ejes principales de Wicked: el bien y el mal.
Es apasionante ver cómo los personajes evolucionan de una forma tan paulatina, tan jugosa, tan... real. Pensadlo. Mirad atrás y decidme si reconocéis en ese niño o en esa niña lo que sois ahora. Elphaba no lo hace. Y yo tampoco, ni a ella ni a mí.

Es muy curioso cómo cambia una misma historia cuando se cuenta desde otro prisma; creo que nunca hasta ahora me había dado cuenta de lo importante que puede llegar a ser la perspectiva. 
Curioso ¿no? En El mago de Oz la Bruja es (o supongo que es, vaya) un saco de maldad, grotesca, cruel y plana. Aquí, es un personaje de hondísima psicología, coherente en sus contradicciones y capaz de despertar la simpatía del lector; es mordaz, divertida e inteligente. Si decidís leerlo, al final de Wicked os encontraréis sintiendo pena por ella, por lo que fue un día y por lo que es ahora.

La verdad es que en este post me está resultando especialmente difícil decidir qué contar y qué no porque no sé exactamente qué información me falta a mí y tenéis vosotros. Es un poco frustrante, la verdad.
En cualquier caso, lo que quiero que quede patente es que me ha encantado este libro. Lo disfruté desde la primera página hasta la última, y lo pasé hasta mal cuando descubrí que casi no quedaba novela pero todavía estaba todo muy enredado. La gente que tuvo que aguantarme durante el proceso sufrió más de uno y más de dos apretones en el brazo, para que os hagáis una idea. 
Es que, además de la profundidad de buena parte de lo narrado (esa batalla entre el bien y el mal, muchas veces librada dentro de uno mismo, aunque no en el clásico sentido visceral; ese desarrollo de la personalidad hacia quién sabe dónde, por qué y cómo), está muy bien escrito. Bueno, en honor a la verdad, muy bien traducido. Por eso me gustaría agradecerle a Claudia Conde su trabajo. Probablemente no lea esto nunca, pero si lo hace, aquí está. Todo reconocimiento sienta bien ¿no?

Sólo añadiré, para terminar, que quedan en Wicked asuntos sin resolver. Espero conseguir pronto la segunda parte, Hijo de bruja, y ver en qué quedaron. Ya os contaré.

Ah, y también hay un musical. Uno de los más exitosos de los últimos tiempos, según dicen. Parece que sigue habiendo algo en Oz que convierte en oro todo lo que toca.